La sociedad profunda

Edmund Burke
La idea de “estado profundo” (deep state) está de moda. Se trata de una ocurrencia reciente estrechamente vinculada con el debate político en los EE.UU. Mike Logfren, un asesor republicano en el Congreso, definió el “estado profundo” en 2014 como “una asociación híbrida de elementos del gobierno y partes de las altas finanzas y la industria que es capaz de gobernar los Estados Unidos sin hacer referencia al consentimiento de los gobernados expresado a través del proceso político formal”.

Aunque este “estado profundo” se considera normalmente una “teoría de la conspiración” asociada con la presidencia de Trump, la idea subyacente de que una parte del estado, en la forma de hombres especialmente poderosos o sinarquías silenciosas, se sustrae al control democrático es bastante intuitiva y no carece de antecedentes. Hallamos sugerencias similares desde Tucídides, para quién “aunque de nombre Atenas era una democracia, en realidad era el gobierno del primer ciudadano”, hasta la idea marxista de que las democracias liberales son máscaras del poder capitalista profundo.

Quizás hay también una “sociedad profunda” o lo que Nick Land llama “orden profundo de la sociedad” en contraste con el estado que, a diferencia de las capas sociales más superficiales “no está abierto a la intromisión política, sin consecuencias predeciblemente desastrosas”.

La sociedad profunda no es la "sociedad civil"; es un conjunto más primitivo, "intrahistórico" y genealógico de arreglos sociales prácticos entre individuos, familias y clanes que no han sido diseñados conscientemente, y que se orientan a la preservación del orden y la supervivencia del grupo humano –frente a otros grupos o entornos hostiles.

La idea de que hay una “sociedad profunda” bajo las capas más superficiales de la organización política parece una conclusión particularmente natural tras las experiencias de democratización fallidas en Iraq o los países árabes del Mediterráneo. Se ha subrayado en este sentido que los niveles altos de consanguinidad en las sociedades mediterráneas y del oriente medio no se llevan bien con los sistemas democráticos (Woodley y Bell, 2012); un factor “profundo”, basado en el parentesco, que contrasta con la situación de las sociedades occidentales y "modernas" basadas en la idea del contrato social, por recordar la célebre distinción de Henry Summer Maine.

La sociedad profunda es un hecho incómodo para el optimismo liberal que sueña con implantar un credo político grácil basado en la paz y la democracia, dejando atrás aspectos tan “ctónicos” y robustos como el clan y la familia. Ciertamente, los rasgos sociales “profundos” no son inalterables, y son sólo parcialmente genéticos, como mostrarían los mismos efectos históricos de la prohibición cristiana sobre el matrimonio consanguíneo (Shultz, 2016), y quizás otros efectos de la “pacificación genética” (Frost y Harpending, 2015) reciente en las poblaciones europeas, pero tampoco son rasgos fácilmente maleables en unas pocas generaciones. La organización profunda de las redes de solidaridad familiar y étnica estarían imponiendo aún hoy límites al proceso de state-building y, en último término, a la democratización. Esto da sentido al comentario de Land sobre las consecuencias inesperadas que siguen a las "débiles y falibles construcciones de nuestra razón", en palabras de Burke, que dan la espalda a la historia y la sociedad profunda: en lugar de una floreciente democracia liberal, hoy tenemos en Libia nuevos mercados de esclavos.

Comentarios

Entradas populares