El progresismo autoritario


Tras escapar de la Alemania de Hitler, los líderes de la escuela de Frankfurt estaban fundamentalmente preocupados por el fracaso de la izquierda para frenar el ascenso del nazismo y del antisemitismo europeo, y creyeron encontrar una clave en la psicología profunda. La “personalidad autoritaria” de Adorno (1950) hacía referencia a un “individuo potencialmente fascista” que se somete a las autoridades externas para tratar de compensar su inseguridad personal. En esta línea que patologiza el pensamiento conservador se habla más tarde de un “autoritarismo de derechas” (Altemeyer, 1998), de “cognición social motivada” (Jost, Glaser, Kruglanski y Sulloway, 2003) o de “síndrome conservador” (Stankov, 2009).

Tal vez esta interpretación refleje fielmente la realidad, o tal vez refleje un sesgo académico que sólo se incrementa sin freno en los últimos años: más del 90% de los profesores e investigadores de las ciencias sociales y las humanidades se identifican con la izquierda.

Tal vez los científicos sociales encontrarían rasgos autoritarios en la izquierda si los buscaran. Y esto es justamente lo que habrían logrado Jordan B. Peterson y Christine Brophy, de la universidad de Toronto.

Al intentar explicar los factores de personalidad que predicen la “corrección política”, descubrieron no sólo que la “corrección política” existe como factor de personalidad, y que se puede medir, sino que existirían dos tipos básicos de personalidad políticamente correcta; lo que llaman “Igualitarios” (Political Correctness Egalitarians) y “Autoritarios” (Political Correctness Authoritarians). Ambos grupos compartirían rasgos de compasión hacia las minorías –pretendidamente una extensión del altruísmo materno– y de aversión a la desigualdad, pero los “autoritarios” favorecerían medidas más coercitivas, como censura (que Marcuse ya justificaba como “tolerancia represiva”), justicia punitiva o protestas violentas.

En el estudio, aún no publicado, pero que ha sido comentado ya en Scientific American, ambos grupos difieren significativamente en sus habilidades verbales: los “progresistas autoritarios” poseen habilidades verbales muy bajas comparados con los “progresistas igualitarios”. Además, los “autoritarios” poseen niveles más bajos de apertura a la experiencia y de agradabilidad (Agreeableness), niveles más altos de sensibilidad al disgusto interpersonal, se ofenden más a menudo y al igual que los "autoritarios conservadores" también tienden a apoyar explicaciones biológicas de las diferencias humanas; rasgos que presumiblemente correlacionarían con un CI más bajo. En conjunto, estos rasgos encajan con las características de lo que Westhues llama “discursos posmodernos”.

Tanto los “igualitarios” como los “autoritarios” favorecen la redistribución económica y la reducción de las desigualdades, pero los dos grupos difieren en el tipo de gobierno preferido; mientras que los “igualitarios” favorecen un gobierno de tipo más liberal y democrático, los “autoritarios” prefieren gobiernos más autocráticos. 

En una entrevista reciente, Peterson y Brophy explican por qué el comportamiento frecuentemente agresivo de los “autoritarios” es condonado y justificado por los “igualitarios”. Esto es posible en primer lugar porque los “igualitarios” poseen mayores habilidades verbales y mayor inteligencia para generar toda clase de sofisticadas racionalizaciones, pero también porque los “igualitarios” tienden a percibir al otro grupo como niños necesitados de cuidado, un rasgo probablemente asociado con la evolución de la compasión materna: “¡Tu hijo nunca se equivoca!”. Este paternalismo, según apunta Peterson, es perjudicial a largo plazo, porque al fin y al cabo las minorías que se pretenden defender no están compuestas por niños, sino por personas adultas.

Si las conclusiones de Peterson y Brophy son correctas, los rasgos autoritarios están mejor repartidos a izquierda y derecha del espectro político de lo que se pensaba.

Peterson hace una interesante observación en favor de una visión más equilibrada: mientras que los rasgos típicamente "progresistas" de apertura a la experiencia están relacionados con la creatividad, que se traducen en una economía más abierta y competitiva, o en un arte y ciencia más audaces, las ideas "progresistas" necesitan rasgos típicamente "conservadores" como la perseverancia, para sobrevivir: "Los progresistas crean nuevas firmas, pero los conservadores hacen que funcionen".

Comentarios

  1. hacia tiempo que no publicabas, pensaba que habia muerto el blog, buen articulo sobre el Autoritarismo de rastas.

    Animo

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