La nueva constitución japonesa y el fin de la "paz perpetua"

Inmanuel Kant publicó en 1795 un ensayo insinuando un nuevo orden jurídico internacional capaz de fundar una “paz perpetua” entre naciones, particularmente mediante un tratado que "aniquila y borra por completo" las causas de toda guerra futura. Al firmarse el Tratado de Renuncia a la Guerra, conocido como Pacto Briand-Kellogg (1928), las ideas de Kant parecieron cobrar una inesperada vida, pero el entusiasmo pacifista es interrumpido drásticamente por el reinicio de las hostilidades internacionales en 1939 –y aún antes en el continente asiático. Tras el desenlace de la guerra mundial, el espíritu dañado de la "paz perpetua" se refugió en la aún vigente Constitución de Japón (日本国憲法), promulgada en 1948.

En su artículo 9 leemos:

Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales.
Con el objeto de llevar a cabo el deseo expresado en el párrafo precedente, no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire como tampoco otro potencial bélico. 
El derecho de beligerancia del estado no será reconocido.

Esta “constitución de paz” –redactada en secreto por militares estadounidenses tras la ocupación del país y aprobada por el parlamento fingiendo que había sido elaborada por el gobierno– amplió las reformas liberales de la constitución Meiji de 1890, afirmando no sólo la libertad religiosa (artículo 20) sino también la separación del estado y las religiones (artículo 89). Las reformas estaban en consonancia con las exigencias de la llamada “Directiva Shinto” de 1945, orientada a socavar las doctrinas nacionalistas sobre el culto al emperador, la superioridad racial de los japoneses –reunidos en una patria común o minzoku– y la creencia de que Japón estaba llamado a dominar Asia. Helen Hardacre, de la universidad de Harvard, ha estudiado este tema en profundidad.

El “laicismo” y la “democracia liberal” tampoco surgieron en el Japón de un proceso de deliberación racional e ilustración kantiana, sino que fué básicamente la obra de militares estadounidenses victoriosos, precedidos por enjambres metálicos de "Fortalezas volantes", bombardeos de área en ciudades, y finalmente por la bomba atómica que impuso una pax americana. No hay duda de que no haber concedido un Nobel de la Paz a los B-29 representa una flagrante omisión por parte de la Real Academia de las Ciencias de Suecia.


B-29 Superfortress


La supervivencia del Shinto

El Shinto (神道 Shintō), también llamado en japonés kami-no-michi es considerada la religión autóctona del Japón, cuyas primeras prácticas y doctrinas registradas proceden del siglo VIII d.C. A diferencia de otras religiones con orientación más universalista, el Shinto es una religión esencialmente pro-genealógica basada en la reverencia a los ancestros, el culto divino al Emperador y la perseverancia y unidad de la nación japonesa.

Aunque la idea del Shinto como tradición inventada es seguramente una exageración marxista, lo cierto es que este difuso conjunto de ritos y doctrinas sólo se convierte en doctrina de estado (“Shinto de estado” como distinto del “Shinto de los templos”) tras el periodo modernizador Meiji, particularmente tras la promulgación de la constitución del Imperio de Japón en 1890 (大日本帝國憲法 Dai-Nippon Teikoku Kenpō) asi como del decreto imperial sobre educación (教育ニ関スル勅語 Kyōiku ni Kansuru Chokugo) de 1890 basado en la llamada “Doctrina Kokutai” o “Discurso sobre la unidad nacional” que concede un lugar de privilegio al Shinto.

Algunos académicos, como Shimazono (2009) subrayan que estos esfuerzos políticos sólo lograron un imperfecto y tardío vínculo entre Shinto y Estado, coincidiendo esencialmente con el dominio de las ideologías expansionistas y militaristas en los años treinta del siglo pasado. El Shinto precede al militarismo, y le sobrevive, en parte por la decisión de los vencedores de la guerra de diluir la responsabilidad colectiva y aludir a un supuesto “mal uso” por parte de militares y nacionalistas exacerbados. Los planes de abolir el Shinto fueron descartados por Douglas MacArthur, al mando de las fuerzas de ocupación, que adoptó una posición más pragmática: “debe quedar claro que no se permitirá que las asociaciones ultranacionalistas y militaristas japoneses se escondan bajo una capa religiosa”.

Frente a las propuestas moderadas del “Comité Matsumoto” que sólo pretendía efectuar cambios cosméticos en la constitución Meiji, considerando que los japoneses seguían siendo “súbditos” del emperador en lugar de ciudadanos, y sin mencionar la separación entre estado y religión, la reforma definitiva impulsada por McArthur preservó la institución imperial con la condición de que se expresara una renuncia formal a la guerra, el militarismo y el “feudalismo” –tal como queda manifiesto en el referido artículo 9.


Entrada (Torii) al Templo Shinto Yasukuni en Tokio


Las peligrosas ideas de Abe

La vigente “constitución de la paz” fué escasamente contestada durante décadas –en parte gracias al éxito del War Guilt Information Program, impulsado por los norteamericanos–, pero en 2012, a 60 años del tratado de Paz de San Francisco, el partido Liberal Democrático de Japón propuso una revisión seria.

Tras ganar las elecciones generales de 2014, el líder del LDP Shinzō Abe anunció que pediría consejo a comités de la Dieta Nacional para elaborar una reforma constitucional que afectaría a la doctrina del pacifismo consagrada en el artículo 9, y también reforzaría el papel institucional del Shinto. Este proyecto coincide con la intención del emperador de abdicar, y está envuelto por una crisis económica prolongada, pero sigue contando con la oposición de sus socios de gobierno y de importantes sectores de la sociedad japonesa, particularmente de la izquierda y grupos religiosos no shintoistas –incluyendo la minoría cristiana.

Vinculado con el lobby nacionalista Nippon Kaigi, Abe sostiene una visión de la historia que es considerada revisionista y "controvertida" en el área de influencia occidental y entre los enemigos estratégicos tradicionales de Japón. En su "libro de Holanda" Towards a beautiful country. My vision for Japan, muy difícil de conseguir incluso en inglés, Abe cuestiona que la conducta de líderes de guerra japoneses como Hideki Tojo y el propio abuelo del presidente Nobusuke Kishi –ambos sospechosos de crímenes de guerra de “Clase A”– fuera moralmente incorrecta.

Según el corresponsal de Reuters en Tokio, Kosuke Takahashi, el mandato de Abe está promoviendo una “estrategia nacionalista” para pasar de un “pacifismo pasivo” a un “pacifismo proactivo” que incluye un considerable refuerzo de la colaboración militar con los EE.UU con el fin de que Japón vuelva a ser un “país normal” en la escena internacional y de reforzar su posición estratégica en el contexto de las rivalidades regionales con Corea, China o Rusia.

En diversas ocasiones desde 2006 Abe ha visitado el templo Shinto Yasukuni, polémico por rendir culto a héroes de guerra y encarnar la ideología Kokutai (國體) de unidad religiosa-nacional japonesa. Abe no es el primer mandatario japonés en visitar este templo: lo hicieron anteriormente Yasuhiro Nasokone en 1985, Hashimoto Ryutaro en 1998 y más recientemente Junichiro Koizumi en 2001. Sin embargo, coincidiendo con el 71 aniversario del fin de la guerra mundial, un año después de intervenir ante el Congreso de los EE.UU, Abe ha evitado acudir personalmente al santuario. 

El tiempo dirá si estos movimientos preludian un regreso a la ortodoxia pacifista de la posguerra, típico del "drama recurrente" del nacionalismo japonés, o bien son una retirada estratégica novedosa. Al igual que en 1945 y con posterioridad la capacidad de presionar de la diplomacia y de la amenaza de fuerza serán esenciales para inclinar hacia un lado u otro la opinión de los japoneses. 

Comentarios

  1. Una consulta, me parece ami o los soldados asiaticos en general sufren cantidades enormes de bajas en combate?
    Me llama mucho la atencion que a pesar de su diciplina y coraje (ademas de su omniprecente superioridad numerica) en combates contra fuerzas occidentales pierdan tantos hombres... Siendo ademas que en muchas ocaciones la diferencia tecnologica no es muy grande tampoco.
    Podria deverse tal vez a una inferior habilidad marcial?

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    1. Tengo entendido que el rendimiento de los soldados y las unidades japonesas descendió considerablemente a medida que avanzaba la guerra. Las mayores bajas podrían ser un efecto tanto de un entrenamiento pobre, debido al problema de los reemplazos, como a una adhesión más fanática o peores mandos; todo ello efecto del agotamiento de la sangre japonesa.

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    2. Pero no solo me refiero a los japoneses en la segunda guerra, tambien fenomenos semejantes se observan en la guerra ruso-japonesa, la guerra de corea, vietnam, etc.
      Quizas un caso paradigmatico sea el de la division nisei que combatio por EEUU en Europa, fue la unidad mas condecorada de la historia del pais, pero sufrio una cantidad desproporcionada de bajas comparadas a las unidades alemanas contra las que peleo...
      El asunto me intriga, un dia me gustaria realizar una investigacion sobre el rendimiento en combate de las unidades segun su etnia, para eso creo que me puede servir el Quantified Judgment Model del historiador Trevor N. Dupuy. Algun consejo que me pueda servir?

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  2. Lo primero, quiero felicitar al autor por la calidad de las entradas de su blog.

    Tras la II G.M. los USA satelizaron a la Alemania Occidental y establecieron un protectorado sobre Japón. Alemania recibió permiso para volver a la "normalidad" con la caída del muro y la reunificación. Y ahora le toca a Japón. Los intereses USA han evolucionado y si antes convenían una Alemania y un Japón desmilitarizados ahora conviene lo contrario. Es interés USA que ambas naciones asuman un papel activo en su defensa y la de sus aliados. Es probable que en breve veamos tropas japonesas en misiones internacionales como ya vemos tropas alemanas.

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  3. Una leve corrección. El premio Nobel de la Paz no lo concede el comité sueco, como el resto de los premios, sino el noruego

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  4. El calvinismo protestante, tan fuerte en Holanda es el origen de toda la basura ideológica progre. Puritanismo secularizado.

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