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La rebelión antigenealógica europea

Quién sabe si entre las lecturas canónicas de la filosofía figurarán dos a cargo de Peter Sloterdijk. Una es la breve conferencia, Normas para el parque humano (1999). Otra es más reciente: Los hijos terribles de la edad moderna. Sobre el experimento antigenealógico de la modernidad (2015; Siruela).

En esta última obra encontramos algunos “conceptos fundamentales”, para una teoría oscura de la modernidad.

El Hiato 

Si para los antiguos el hombre está en el mundo porque no mereció un sitio mejor, para los modernos representa más bien un honor haber sido arrojados del paraíso, “el acontecimiento más feliz y más grande de la historia humana”, para Schiller, en cuanto preludia un despertar de las fuerzas de la razón. Es posible un nuevo comienzo, un "punto cero" de la humanidad porque la mente es una “tabla rasa” y la herencia una tara remediable.

A partir de la revolución francesa–irónicamente consentida por Dios, para De Maistre– empieza una época caracterizada por el primado del futuro (grácil) sobre el pasado (robusto), y por el primado de la moda sobre la costumbre. Para Sloterdijk se trata de una interrupción radical, un “hiato” entre la cultura genealógica paleoeuropea y los “nuevos hombres”, pero que no anuncia tanto un ascenso hacia arriba, radiante, ininterrumpido y previsible, cuanto que una permanente “caída hacia adelante” (La gaya ciencia: "¿No caemos continuamente?"), imagen que apunta a un avance paradójico, puntuado de accidentes monstruosos y consecuencias inesperadas.

"Après nous le déluge"

El principio dinámico-civilizatorio 

Sloterdijk llama “principio dinámico-civilizatorio” al proceso por el cual “la suma de las liberaciones de energía en el proceso de civilización supera regularmente la capacidad de acción de fuerzas de vinculación efectivas”. Se podría describir alternativamente como una dinámica de “efectos colaterales”, “consecuencias inesperadas” o como lo llaman los biólogos “subproductos” (byproducts). Algunos ejemplos vienen inmediatamente a la cabeza: daños provocados por conductas altruístas, diferencias de sexo provocadas por la política de “igualdad de género”, incremento de “white flight” en la era de la integración racial...

He aqui algunas de sus formulaciones –de un total de 25:

1. Desde el hiato se evocan muchas más opciones de futuros estatus provechosos de los que jamás podrían avalarse mediante pruebas de eficiencia o títulos de ascendencia legítimos. 
12. En los campos de la cultura y de la política modernos se lanzarán al mundo siempre más fraudes, más despropósitos y más ofertas a la disposición delirante del público de los que pueden realmente integrarse en proyectos realistas. 
17. Se descubrirán, redescribirán y diagnosticarán sin cesar más enfermedades de las que pueden ser tratadas como es debido en las instituciones terapéuticas existentes o futuras. 
21. En el curso de la modernización se abrirán progresivamente más opciones existenciales de las que nunca pueden integrarse en constructos de identidad personal y colectiva.

El cristianismo antigenealógico 

La pasión antigenealógica, sin embargo, no nace de la revolución, sino que hunde su raíz en las tendencias antitradicionales y antifamilistas del propio cristianismo.

Jesús es “el hijo más terrible de la historia universal”, cuyo padre empírico oscurece ante la luz del padre trascendente: “Y no habéis de llamar padre a nadie en la tierra, pues uno es vuestro padre, el que está en el cielo” (Mateo 13); “El padre estará contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre” (Lucas 12, 51); “Si alguno viene a mi y no odia a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas, y además su vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14, 26).

La iglesia misma se sustenta en la idea de sucesión apostólica, de carácter no genealógico. Pese al intento de fundar la realeza de Cristo en una cadena que va de Abraham a David, el último hijo de la serie es vástago del espíritu que “viene al mundo desde arriba”.

Sloterdijk señala la insalvable contradicción entre la doctrina del nacimiento virginal (filiación vertical o "espiritual") y las series genealógicas inventadas que emparentan al salvador con el linaje de Abraham y David (filiación horizontal o "natural"). Se rompe así con la sucesión patriarcal paleoeuropea de las culturas judía, romana o griega, poniendo las bases espirituales del peculiar individualismo europeo y de todas las rebeldías antiautoritarias posteriores: la comunidad de hermanos cristianos vienen a ser así “los primeros modernos”.

Esta idea de filiación trascendente tiene el importante efecto de promover el antinatalismo, producto más visible en las sectas místicas medievales provenientes del gnosticismo, los “espíritus libres” y la devotio moderna a duras penas aplacada por el conservadurismo eclesiástico que intenta salvar los muebles familiares: “La pasión por desarrollarse a sí mismo hacia Dios no es compatible con el cuidado por la transmisión de una herencia familar o de una carisma dinástico”.

Bastardización

La “modernidad” se puede describir como un proceso de civilización igualitaria, basada en la derogación de la herencia y en la promoción de los bastardos.

Se trata de un proceso fuertemente resistido por toda cultura tradicional que pretende proteger la línea de transmisión generacional de “errores de copia”, favoreciendo la virtus hereditaria contra las innovaciones monstruosas y los individuos rebeldes.

En el nuevo mundo “bastardizado”, prefigurado ya en la “aristocracia espiritual” de Cicerón, los modelos ejemplares son actuales y simultáneos: la moda vence a la costumbre. La innovación, producida por la nueva “creative class”, se alza como valor fundamental en la esfera productiva, mientras que la democracia domina por su método de elección y legitimidad bastarda por excelencia.

Esto no pone fin a la historia, sin embargo. Dejando a un lado que el experimento del que tratamos sigue siendo básicamente europeo, con vastísimas áreas del planeta aún libres de la pasión antigenealógica, Sloterdijk alerta sobre una “sobreabundancia de reproducción bastarda” en línea con el principio dinámico-civilizatorio: “Las diferencias de estatus entre individuos han de ser determinadas desde ya mismo en permanente competencia generalizada, con costes crecientes de frustración y progresivos riesgos de desmoralización”. La modernidad europea antigenealógica es, al fin y al cabo, la máquina productora de solteros y personas sin hijos más eficaz desde las órdenes mendicantes medievales.

Independentismo

Thomas Jefferson (1743-1826), a quien se atribuye la “Declaración de Independencia” de los Estados Unidos, es también –para Sloterdijk– el creador de la idea moderna de “independencia" y de independentismo.

En una larga carta a su yerno, John Wayles Eppes (1773-1823) Jefferson arremete contra el derecho de los muertos a reinar sobre los vivos: “La tierra pertenece a los vivos, no a los muertos”. La soberanía no es sólo popular sino generacional: “Hemos de considerar a cada generación como una nación diferente, en posesión del derecho de vincularse ella misma por la voluntad de su mayoría, pero sin el derecho de vincular a la generación siguiente, así como tampoco lo podrían hacer los habitantes de otro país.”

Nótese que Jefferson equipara la tiranía del extranjero con la tiranía del pasado. Según el nacionalismo antigenealógico –donde la nacionalización o más bien "naturalización" de los ciudadanos se logra "poniendo entre paréntesis sus ascendencias"– tan ilegítimo es ser gobernado por una potencia ocupante como por leyes y constituciones no aprobadas por la generación viva en cada momento.

Metapolíticamente la posmodernidad también se podría describir como la era de las naciones bastardas, basadas en la legitimidad generacional, y en el poder instantáneo de los ciudadanos “naturalizados”, libres de cualquier hipoteca -económica o de otro tipo– del pasado.

Comentarios

  1. "Y aquí acabó el primer discurso de Zaratustra, llamado también «el prólogo»: pues en este punto fue interrumpido por el griterío y el regocijo de la multitud. ¡Danos ese último hombre, oh Zaratustra, – gritaban – haz de nosotros esos últimos hombres!. ¡El superhombre te lo regalamos!."

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