David Bowie, el iniciado


Por Alexander Dugin 

David Bowie es conocido como músico y actor. Poca gente sabe que es miembro de una organización iniciática que profesa los principios del sendero de la mano izquierda y el Thelema. Por tanto no sorprende que sus canciones, su música y sus proyectos estéticos tengan una dimensión oculta.

Su canción “Absolute Beginners” (Absolutos principiantes) es un ejemplo típico de tal mensaje multinivel, en el que la emoción expresada y la estética psicológica oculta un secreto esotérico nuclear.

Falsificación 

“Principiante absoluto” es una frase que contiene en sí misma una completa contradicción lógica. Lo que es absoluto no tiene “principio”, dado que un absoluto auténtico no tiene principio ni fin, no emerge ni desaparece. Y viceversa: lo que posee un principio no es un absoluto en principio, sino, en cambio, relativo. Este es un aspecto filosófico.

También hay una contradicción a un nivel cotidiano: es muy dudoso el intento de nuestros contemporáneos para “empezar de nuevo”– sus débiles protestas en contra de su propia degeneración, de su envejecimiento, y su cuesta abajo en el trasfondo de una civilización en rápida desintegración, donde nadie ni siquiera intenta oponerse a la entropía. Los niños, al modo de Hesiodo, nacen hoy en templos grises y se dedican a lavar coches y abrir cuentas en el banco desde la cuna misma. Son todos signos del fin de la edad de hierro. ¿Cómo podría haber un “nuevo principio”, y menos uno absoluto en medio de todo esto?

El mismo Bowie, pese a su ingenuidad y talento, apenas puede hacer un intento serio de afirmarse como alternativa. El fascina precisamente por su decadencia, como un pervertido sumergido en narcisismo perturbador, como un desviado, melancólico y avejentado anglosajón, pero de ninguna manera como un héroe o el representante de algo “nuevo”. No tiene nada de “absoluto” o de “principio”, lo suyo es más bien un intoxicado exotismo en descomposición, el aroma de la carne decadente envuelta en gadgets mundialistas.

El Principiante Absoluto (Absolute Beginner) es un concepto que David Bowie tomó prestado del arsenal de profundas doctrinas gnósticos. Inspiró una buena canción y un extraño video musical. 3.

La doctrina de la estrella 

El Principio Absoluto –esto que ni es ni puede ser– es, sin embargo, el eje de lo prohibido, conocimiento heroico transmitido a través de una red secreta. Un tipo especial de voluntad paradójica de algunos iniciados – el mutable Relativo abajo y el inmutable Absoluto arriba– que funda un proyecto fascinante, arriesgando tanto la mente como la vida, a través de una imagen banal y estática de la metafísica.

A esto se le llama “Doctrina de la Estrella”.

Hay algo que atraviesa el dualismo lógico y religioso, el eterno principio, un misterioso Rayo que es “ocultado”, por una parte, y “mostrado”, por otra. En este rayo, todas las grandes proporciones y correspondencias entre las tres palabras pierden su significado. Lo que es arriba y abajo es dado la vuelta, el imposible e increíble Matrimonio del cielo y la tierra tiene lugar, tal como sospechó el genio William Blake.

“Thelemitas” son los seguidores del francés François Rabelais y el inglés Aleister Crowley, y de ellos tomó Bowie el concepto para su canción, siendo él mismo un miembro de la orden telemita OTO cree que “todo hombre y mujer es una estrella”. Una encarnación de la finitud y la relatividad, un obvio perdedor que completa su historia con la vulgaridad del Banco Mundial y de los mercados globales, una burda imitación biológica de una criatura angélica pura, un hombre que lleva una “estrella”; un brillante rayo de hielo, de acuerdo con el otro lado (“Telémico”). Una luz extraña, mareante e imposible rompe el desorden de su pequeña alma de fraile.

Esta es la luz del Principio Absoluto, aquella que no puede ser.

Rayos negros

La tierra se mueve bajo los pies. Los valores y tradiciones han degenerado y han sido profanados de modo tal que no pueden resistir ya los embates del nihilismo. Conservadurismo y progreso son las dos caras del mismo proceso, la degeneración. Todo lo que queda de la historia turbulenta del pasado es hambre, lujuria y la policía. Todos los signos apuntan el hecho de que estamos increíblemente lejos del Principio. Tanto del viejo como del nuevo. Las aspiraciones de la pasión han sido completamente agotadas.

¿Qué quieren decir estos “Thelemitas”, cuyas desconcertantes ideas están lejos del optimismo de la Nueva Era o los retirados Teósofos, cuando dicen que todo el mundo posee la paradójica posibilidad de ser una “estrella” – o “Nuevo Principio”? Por supuesto, no se refieren a una vulgar “transformación”, “Ilustración” o “búsqueda de la verdad”. Sólo hay que echar un vistazo a todos estos “neófitos” de cultos y religiones, sus ojos asustados, sus momentos de estupidez, los gestos extraños en cuerpos que están claramente enfermos por dentro...Están retorciéndose y desapareciendo, en lugar de iniciarse en algo.

El rayo negro de la estrella Telémica se desliza sobre una diferente trayectoria. No puede ser registrada en el exterior y no es comprensible en los términos habituales. Aterroriza y repele deliberadamente, vistiéndose a sí misma (provocativamente) en los ropajes de la antinomia. Abandona rápidamente a quienes desean transformar la inspiración en un sistema. No puede ser institucionalizada. Pero reluce absolutamente en un ritmo eónico contra la voluntad de los ciclos y las misas medievales. Escoge las formas y los cuerpos en que se manifiesta. Es inútil intentar encontrarla. Es indiferente a las “imágenes morales” y los grandes éxitos.

El Principio Absoluto no tiene sexo, edad, profesión ni oficina. Es una navaja de cristal cortando la cortina de un loco racimo de átomos.

La alternativa traicionada 

De hecho, esta es una cuestión central. “No hay futuro” (No future) no es simplemente una tesis ingeniosa de un grotesco movimiento juvenil, que no se ha pasado totalmente de moda. Otra tesis sobre el “Fin de la Historia”, desarrollada por Francis Fukuyama es, de hecho, la misma cosa, sólo que retratada de forma más eufemística. El cansancio es el descubrimiento clave de la Posmodernidad. El triunfo de la simulación es un tipo de gozo poco saludable. Astutos depredadores de mentiras electrónicas violan la realidad de forma tan violenta que terminarán su manipulación social en compañía de máquinas que se han vuelto locas.

En último término, toda la literatura de ciencia-ficción del siglo XIX culminó en la banalidad tecnológica del siglo XX. Podemos esperar lo mismo del siglo XXI. Esto es especialmente cierto si consideramos el hecho de que la mayor parte de los autores de ciencia-ficción (de Julio Verne a H.P. Lovecraft) fueron miembros de poderosas organizaciones esotéricas activamente implicadas en el proyecto de dar a la civilización una nueva apariencia. 

Ninguno de los autores futuristas de ciencia-ficción predijo un “Principio Nuevo”. Su predicciones son inquietantes, y cuanto más se profundiza, más monstruosas parecen. El hombre se precipita en un narcisismo que le rescata de la nada, bajo el manto de fómulas obviamente falsas. Como buitres, los banqueros y los presentadores de TV auspician el colapso. Encantadores de cadáveres. Creer en los mitos televisivos te hace imbécil; pero no creyendo en ellos te arriesgas a perder la cabeza por soledad (porque todo el mundo alrededor cree en ellos). Ninguna estrella a la vista.

El sistema soviético reaccionó de forma fria e idiota ante los intentos desesperados de la “Nueva Izquierda” para desarrollar una alternativa ideológica a la visión del orden burgués a través de la modernización (y revisión) de las doctrinas tradicionales anti-capitalistas. Apparatchiks acomodados siguieron escupiendo hacia los intentos desesperados de los inconformistas para propiciar un proyecto positivo. Habiéndose percatado del inevitable fracaso de las iniciativas soviéticas incluso entonces, la “Nueva Izquierda” se volvió hacia el esoterismo, el gnosticismo y otras disciplinas (poco ortodoxas para la izquierda). La “Nueva Derecha” desarrolló una trayectoria similar, librándose del chovinismo, la xenofobia, y los “mercados libres” de la “Vieja Derecha”, descubriendo por sí mismos los valores de la revolución y el socialismo. “Partitócratas” de estilo soviético (futuros “demócratas” y el nuevo partido Comunista de Rusia) acusaron tanto a la Nueva Derecha como a la Nueva Izquierda de ser “nihilistas”. Pronto, los suculentos cuerpos de estos “partitócratas” se vinieron abajo ellos mismos dentro de una excitante espiral de “reformas” y traición nacional. De nuevo, tal y como ocurre miles de veces en la historia, los nihilistas reales acusaron a aquellos que pretendían superar el nihilismo de ser nihilistas.

Los resultados son tristes. Sin la ayuda de Moscú, los inteligentes y honestos pero débiles “Nuevos” fueron destruidos por el Sistema (Michel Foucault, Gilles Deleuze, Guy Debord –este por suicidio, los demás por muerte natural o por olvido) o bien degeneraron en una “policía del pensamiento” (Henri Bernard Levy, André Glucksmann, Jürgen Habermas y demás bazofia). Despojados del espíritu de rabiosa rebelión, el mismo Moscú cayó en las redes del Gobierno Mundial. Nada de esto posee ningún Principio, ni nada que se le parezca. En el mejor de los casos, los pesimistas culturales esperan que la catástrofe venidera tendrá lugar suavemente, como una eutanasia. ¿Qué tienen todas las publicaciones “democráticas” y “patrióticas” en contra del “hombre unidimensional” de Marcuse? De forma similar a la “gente” del principio del Zaratustra de Friedrich Nietzsche, que busca el “último hombre”, todos los sectores de nuestra sociedad se hubieran conformado con el “hombre unidimensional”, para llevarles a una “coalición de gobierno”.

Gente que fue joven (y hoy pasan del los 30) escucharían canciones de Bowie mientras bebían Heineken.

El fin de una ilusión

No hay alternativa ni un Nuevo Principio. No está ahí fuera (las falsificaciones están en todas partes). No está dentro (el poder del alma se ha enfriado). Y sin embargo, las uvas de la ira se están pudriendo, mientras se tejen redes de conspiración, una conspiración mundial contra el odioso presente.

Es esta una conspiración de la Estrella. A cualquier edad, en cualquier lugar, en cualquier condición, en cualquier situación, en cualquier posición “todos los hombres y todas las mujeres” pueden empezar, quizás descubrir el Principio Absoluto, atravesarse por el rayo negro que no cesa, pasando a través de ciclos y edades en contra de toda lógica, de toda predisposición externa, y de todo sistema causal. Cualquier impulso vital, toda necesidad pasional, cualquier estado de urgencia puede venirse súbitamente abajo si se hace excesivo, inabarcable y con un significado incomprensible. La codicia y la generosidad, el ascetismo y el libertinaje, los celos y la lealtad, la ira y la ternura, la enfermedad y la saciedad pueden convertirse en el Principio Absoluto, el coro atronador y terrible de una Nueva Revolución, una e indivisible, a Izquierda y Derecha, externa e interna.

Lo que no podemos permitirnos es que ocurra un nuevo declive antes de alcanzar esta cima. La intensidad debe continuar incrementándose, una culminación debe ser seguida por otra, más grande. El sobrecalentamiento del individualismo debe pegar fuego a todo el mundo exterior con la llama de la rebelión, el tipo de rebelión que (según Jean-Paul Sartre) es el único poder que salva al hombre de la soledad.

El Principio Absoluto no depende de la objetividad; no posee un concepto de lo “primero” o “lo último”, “aquí” o “allí”. Incluso es mejor si “no tiene mucho que ofrecer, ni mucho que dar”... El fin del ciclo es, en último término, el fin de una ilusión, de acuerdo con René Guénon. La canción de Bowie acompaña el Libro de la Ley, la amargura de la absentia, que Crowley consideraba la única substancia iniciática entre las bebidas alcohólicas (la “diosa verde”), un Coma erótico inesperado, el bello y enfermizo fanatismo de una célula política, una sombra que cae y que se parece accidentalmente a una cruz céltica...

El Principio Absoluto al alcance de un brazo (izquierdo).

Publicado en Radix Journal (Fuente original en ruso).

Comentarios

  1. Un brazo izquierdo . . . Por eso nunca me gustó ese figurín anisocromatico. Demasiada gente murió o enfermo con esa música para yonkis con una chuta en el brazo izquierdo.
    Antes era mas popular que ahora todo eso del esoterismo, pero afortunadamente la mayor educación cientifica ha aumentado el gusto por lo verdadero, y también el mal gusto en todo lo demás.
    ¡Antes punky que maricon de playa!

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  2. Joaquín González13 de enero de 2016, 10:07

    Creo que lo del brazo izquierdo hace referencia al Sendero de la Mano Izquierda.

    En cuanto a su referencia a la "edad de hierro", creo que hay que entenderla desde las doctrinas del tradicionalismo radical -la caída desde la Edad de Oro-, no desde los esquemas habituales de los arqueólogos e historiadores.

    Esto lo escribió Dugin hace veinte años. Por entonces estaba metido en eso del Nacional-Bolchevismo, una denominación que da un poco de repelús, pero era una forma radical de rechazo al globalismo, cosa bastante comprensible teniendo en cuenta el desastre que fue la Era Yeltsin.

    Ahora está con la Cuarta Teoría Política, que es un rechazo radical de la modernidad y sus ideologías (liberalismo, comunismo, fascismo...)

    Dugin tiene un repertorio de lecturas muy variado, que va desde la metafísica de Heidegger y los tradicionalistas esotéricos hasta los posmodernos, pasando por los teóricos del eurasianismo, y claro está, los clásicos que cualquier profesor de filosofía debe conocer.

    No sabe uno muy bien si es un intelectual revolucionario, un filósofo o un profeta barbado; si es un charlatán o un hombre al que merece la pena tener en cuenta. En Occidente provoca perplejidad, incluso entre los disidentes.



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    Respuestas
    1. Este artículo en concreto, de "juventud", parece casi un Zizek a la derecha.

      A mí la teoría del "cuarto poder" me convence tan poco como el "nacional bolchevismo", porque Dugin no explica cómo se alcanzaría un equilibrio de poder en un mundo geopolíticamente multipolar.

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  3. Interesante este artículo.
    Yo canciones de Bowie he escuchado pocas, y ninguna me gustó nada. Les falta vida, en mi opinión, como a la mayoria de las de Nirvana, por ejemplo.

    Lo que no sabia era que Bowie pertenecia a la orden de Alesteir crowley. Ahí son todos satanistas.

    Se me viene a la mente un capitulo de un libro de Paulo Coelho, donde relata una experiencia de cuando estaba en una secta, que tambien era seguidora de ese Alesteir crowley.

    Coelho habla ahi de cuando era compositor de canciones,ganando un montón de dinero,con el cantante Raul Seixas,canciones en las que metia mensajes subliminales, en las que se invocaba al demonio. Habla tembien de la ideologia de la secta en la que estaba, y de por que la dejó.
    Realmente creo que esto Coelho lo escribio para advertir a la gente de los peligros de esas sectas, que no son juegos ni mucho menos.
    Si a alguien le interesa leerlo:

    http://datelobueno.com/wp-content/uploads/2014/05/Las-Valkirias.pdf

    La historia de la que hablo empieza en la pagina 40 y acaba en la 45 de ese pdf.


    Pero así como hay musica satanica,muchas veces en los sitios mas inesperados, como en "inocente" musica pop, tambien hay musica mas sagrada y llena de vida,no solo la musica sacra tradicional,sino incluso en música moderna, como rock, metal,incluso electrónica.....

    Y esto me viene al pelo para promocionar mi blog una vez mas jajajaj

    A quien le guste el buen rock, que entre a mi blog a echar un vistazo.
    Pinchad en mi nombre y ahi esta el blog. Os recomiendo que empecéis por el post llamado "introducción"

    Gracias.
    Saludos

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  4. mm se me olvido recomendar también la entrada de mi blog llamada "paraiso", donde muestro cuadros muy curiosos de un pintor japones, nahoisa inoue, me gustaria que todo el mundo conociera a ese pintor.No a todo el mundo le gusta, pero a algunas personas esas pinturas les "hablan".
    Si tienen tiempo miren la entrada.Gracias.

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