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La derecha spinozista

Barry Lyndon (1975)

En la segunda mitad del siglo XVII el término “spinozista” servía para designar no ya a los seguidores directos del judío renegado y “ateo de sistema” Baruch Spinoza sino en términos generales a todos los sospechosos de sostener y propagar ideas radicales, con respecto a la naturaleza del ser humano, de la sociedad política y de Dios.

Jonathan I. Israel (2001) dedica cientos de páginas a documentar el papel del spinozismo en el nacimiento de la “ilustración radical”. Divide la Ilustración europea en dos grandes corrientes. Una "moderada", representada por luminarias conocidas como Locke, Leibniz o Montesquieu, y otra "radical", iniciada por el mismo Spinoza en el siglo XVII y difundida en medio de permanentes persecuciones, por los llamados "spinozistas”. Nunca ha habido un “proyecto ilustrado” homogeneo. Los ilustrados moderados y radicales diferían substancialmente 1) en su teoría de la tolerancia, con los radicales defendiendo la libertad de expresión y los moderados más bien la libertad religiosa, y 2) en su concepción científica de la naturaleza, con los radicales excluyendo de su sistema cualquier causa sobrenatural (lo que andando el tiempo se llama "cierre causal" del mundo). Los seguidores de Spinoza se distinguían de los moderados por su rechazo de todas las religiones reveladas. Según Pierre Bayle "se llaman spinozistas a todos aquellos que apenas tienen religión y no lo ocultan demasiado, de la misma manera que en Francia se llama socinianos a todos aquellos que pasan por incrédulos en lo que concierne a los misterios del Evangelio, aunque la mayor parte de estas gentes no haya leído nunca a Socino ni a sus discípulos".

Para Israel este spinozismo fue el núcleo teórico a partir del cual irradiaron las corrientes principales de la Ilustración europea, hasta alumbrar una “ilustración democrática” y radicalmente progresista caracterizada por los derechos del hombre, el republicanismo político y la primacía de la filosofía (o de la ciencia) sobre la teología. Llamémosle izquierda spinozista. La "contrahistoria" de la filosofía de Michel Onfray está escrita claramente en esta clave, y es más o menos la misma posición de un Fernando Savater.

Las ideas de Spinoza eran radicales pero no "derecha" o "izquierda". Tal distinción en sentido político tiene fecha de fabricación (Bueno, 2001), coincide con la posición física que ocuparon los diputados de la Asamblea francesa del 4 de septiembre de 1789, convocados por el diputado Mounier a cuenta del veto regio. Entonces los diputados jacobinos y no realistas se situaron a la izquierda, y los fuldenses realistas a la derecha.

El término “derecha spinozista” es un guiño a la distinción de David Strauss, que en su Vida de Jesús (1835), distinguió entre una “derecha hegeliana” representada por los discípulos y seguidores de Hegel partidarios del estado prusiano y una “izquierda hegeliana” contestataria, representada por los Junghegelianer (jóvenes hegelianos) entre los que figuraba un estudiante de la universidad Humboldt de Berlín llamado Carlos Marx.

Más de cuatro siglos después de los primeros “spinozistas”, la ciencia y la filosofía no se sienten siervas de la teología. A los europeos liberales cultos les desagrada la censura religiosa y las leyes contra la blasfemia. Es posible defender públicamente que la religión es un “espejismo” o cosas peores, y decir que la teología es “superflua” no es motivo para terminar en prisión. Pero hay nuevos tipos de represalias a la libertad de expresión e investigación tan ardientemente defendidas por los spinozistas. Los nuevos “libros de Holanda”, término que los censores europeos del siglo XVII usaban para referirse a todo tipo de literatura sospechosa, no tratan ya de teología o de pornografía. Ahora hablan de diferencias biológicas entre sexos o razas, de diferencias en inteligencia, y una variedad de enfoques considerados “políticamente incorrectos”. Libros de Arthur Jensen, Richard Lynn, Satoshi Kanazawa, Charles Murray, Roy Baumeister, Erin Pizzey, Philippe Rushton, Tatu Vanhanen, Thilo Sarrazin, Jared Taylor, Ricardo Duchesne, Frank Salter, Gregory Cochran, Henry Harpending, Kevin MacDonald, Christina Hoff Sommers, Warren Farrell y un largo etcétera.

Es frecuente que quienes defienden hoy las fronteras del “discurso posmoderno” no se contenten con discrepar de los libros, sino que exijan la supresión del disenso ("tolerancia represiva"), y en la práctica la subordinación de la ciencia a la ideología, aunque en nombre de la "emancipación humana" y de la "justicia social". La situación no es tan diferente al diagnóstico histórico de Israel: "ser señalado públicamente como spinozista constituía el desafío más grave contra el propio status y las perspectivas de reputación". 

"Derecha spinozista" forma parte de una familia de conceptos que expresan una desafección hacia la interpretación "progresista", optimista y grácil de la Ilustración europea. Al mismo linaje pertenecería la "nueva ilustración evolucionista" de Derek Freeman o lo que a veces llaman "ilustración oscura" (Dark enlightenment).

Aquí se entiende la derecha spinozista en el sentido de favorecer la libertad filosófica (libertas philosophandi) para una crítica de la razón grácil.

Los antropólogos físicos llaman “gracilización” (también "modernización") a un variopinto conjunto de procesos evolutivos experimentados por el linaje homínido a lo largo de milenios y que implica la superación gradual de eslabones físicos y cognitivos “robustos” (también "arcaicos"). Ejemplos de gracilización son la feminización del cerebro de los homínidos, la retractación facial, la depigmentación de la piel, la reducción de la agresividad reactiva en los grupos humanos y la "autodomesticación".

Hay una dialéctica de lo robusto y grácil, ya que estamos ante un proceso biocultural inacabado e indefinido. La igualdad radical de poblaciones, sexos e individuos, el pacifismo, el humanismo letrado, el feminismo, el liberalismo, la democracia, el internacionalismo político o cosmopolitismo (y finalmente el anarquismo), los derechos del hombre, se presentan –y exaltan– como ideas no sólo “progresistas” sino “gráciles” en términos antropológicos más amplios, en contraste con conductas e ideas presentadas –y denigradas– como “robustas”: la desigualdad natural de las razas, o los sexos, el conservadurismo, el nepotismo étnico, la territorialidad, la eugenesia, la aristocracia, el militarismo o el nacionalismo.

La razón grácil favorecida por la Ilustración europea termina siendo utópica, ya que persigue –con “optimismo racional”– la liberación de toda herencia humana “robusta” para vivir en el futuro como humanos gráciles.

Este post es una revisión de otro con el mismo título publicado anteriormente.

Comentarios

  1. Un articulo muy claro para aquellos Ilustrados en las ciencias del mal. Original forma de expresar un mismo concepto, el cual es necesario dar a conocer.

    Saludos desde Rusia

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    1. Gracias, me alegro mucho de tener algún lector en Rusia.

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