Hay más de una "humanidad"

Los seres humanos son fenómenos naturales, no excepciones maravillosas. Los primeros homínidos eran tan genéticamente diversos como cualquier otra especie de mamíferos (Schwartz y Tattersall, 2015). Hoy sabemos también que los humanos “modernos” se han cruzado con otras especies “arcaicas", neandertales y denisovanos principalmente en Eurasia, y otras especies no identificadas en África, comprometiendo el ingenuo relato según el cual los humanos "modernos" salidos de África hace unos 50.000 años reemplazaron simplemente a las demás especies continentales. Hasta el 20% del genoma neandertal se conserva actualmente en los euroasiáticos (el porcentaje de genes neandertales concretos conservados varía aproximadamente en el 2-7%). Genéticamente hablando, no los reemplazamos. Por otra parte, hubo viajes de vuelta a África previos a la colonización europea, como muestra la marca de genes neandertales incluso en poblaciones subsaharianas.

Mapa de la hibridación humana. Mordecai Knode

Toda esta increíble biodiversidad humana, tan extendida en el tiempo y el espacio, discute la creencia en una “humanidad” básicamente homogénea alimentada por el conato de visiones religiosas universalistas y por potentes ideologías seculares. Más que una "naturaleza humana" hay "naturalezas humanas" (Frost, 2011).

Los seres humanos varían bioculturalmente a través de individuos, sexos y poblaciones.

No crean todo lo que dicen los antropólogos o genetistas famosos en público, –o reunidos en concilio–, los periodistas científicos o los editores de Wikipedia. Ni hay ni ha habido nunca un "consenso científico" contrario a las razas humanas, aunque la comprensión de la variación biológica humana ha variado y mejorado considerablemente. Nuestra especie sigue siendo “politípica” –Dobzhansky dixit–, es decir, somos un linaje de homínidos diferenciados no sólo cultural sino física y biológicamente. Esta variación no es sólo individual o sexual, también es poblacional.

Las primeras taxonomías raciales modernas están basadas en rasgos morfológicos y biogeográficos. Linneo (1707 -1778) en su influyente Systema naturae describe cuatro razas humanas: europeos, africanos, asiáticos y americanos y Blumenbach (1752-1840) añade una quinta: caucasianos (blancos), mongólidos (amarillos), americanos (rojos), etiopes (negros) y malasios (marrones). Gobineau (1816-1882) reconoce sobre todo tres: europeos, asiáticos y africanos.

No es arbitrario que la obra magna de Darwin se titule On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life (1859), aunque el estudio de las razas humanas aparece en una obra posterior, The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex (1871):

No existe duda de que varias razas, cuando son cuidadosamente medidas y comparadas, difieren mucho entre sí (...) Las razas también difieren en su constitución, en su aclimitación y predisposición a ciertas enfermedades. Del mismo modo, sus características mentales son distintas, no sólo como pudiera parecer en sus emociones, sino también en sus facultades intelectuales.

Los “ilustrados” europeos no crearon de la nada las razas humanas (Sarich y Miele, 2004), con el malévolo motivo de justificar la esclavitud y explotación colonial, aunque el estudio de la variación biológica humana le debe mucho a esa época de expansión europea. Sin las rutas comerciales aseguradas por el imperio británico, y antes por el español o portugués, Darwin nunca hubiera viajado en el Beagle. Sin la red de corresponsales científicos europeos con los que contó el propio Darwin, la teoría de la evolución por selección natural no existiría.

Pese a que estas taxonomías basadas en rasgos morfológicos externos sólo representan una aproximación a la biodiversidad humana, lo cierto es que a grandes rasgos coinciden con la clasificación racial actual o no son incompatibles con ella. Cabe decir que la apreciación de que la apariencia externa es "superficial" es ella misma superficial. Un ejemplo reciente es la domesticación del "zorro plateado" llevada a cabo en el siglo XX: "a medida que se domesticó la conducta de estos zorros, su apariencia también se domesticó (...) la apariencia en muchos casos está unida con rasgos conductuales".

Pero la biodiversidad humana no sólo trata de rasgos externos. Ya en el siglo XX Hirszfeld y Hirszfeld (1919) mostraron que existía una correlación entre las grandes razas y los grupos sanguíneos. Por ejemplo, el grupo A está más presente en europeos que en africanos, al contrario que el grupo B. Pero el gran salto adelante corresponde a la genética de poblaciones. Pese a rechazar formalmente la idea de “raza” (es imprescindible la serie de posts de Peter Frost), y nutrir la prensa científica con titulares agradables, lo cierto es que las razas humanas continentales aparecen representadas en la portada misma de la obra seminal de Luigi Luca Cavalli-Sforza, The history and geography of human genes (1994). Este es un buen resumen de Steve Sailer:

El equipo de Cavalli-Sforza recopiló extraordinarias tablas reproduciendo las “distancias genéticas de 2000 grupos raciales diferentes entre sí. Por ejemplo, suponiendo que la distancia genética entre un inglés y un danés es igual a 1.0, Cavalli-Sforza descubrió que la separación entre ingleses e italianos debería ser 2.5 mayor que la diferencia entre ingleses y daneses. En esta escala, los iraníes serían 9 veces más distantes genéticamente de los ingleses que los daneses, y los japoneses 59 veces más. Finalmente, la brecha entre ingleses y bantúes (el grupo principal de negros subsaharianos) es 109 vece mayor que la distancia entre un inglés y un danés (la distancia entre japoneses y bantúes es aún mayor). A partir de este tipo de tablas, Cavalli-Sforza llegó a esta conclusión general: “La diferencia más importante en el acerbo genético humano es claramente entre africanos y no africanos”. 

Se les llame como se les llame, "razas" o "poblaciones humanas", los genetistas han descubierto muchas diferencias humanas basadas en los genes. Debido a que la variación descubierta también es intra-racial (entre europeos, asiáticos, africanos, etc), algunos prefieren el término "etnicidades".

Como explica el que fue corresponsal científico del New York Times Nicholas Wade –con un montón de artículos publicados en el diario El País–, en un libro “controvertido”, las diferencias raciales radican en sutiles diferencias genéticas que hacen algunos alelos más frecuentes dentro de una población con respecto a las demás. No existen genes individuales distintivamente "negros", "blancos" o "amarillos". Además, las razas no son "puras", estas diferencias suelen desplegarse en forma de gradientes o clinas, vinculando en suaves transiciones geográficas las diferentes poblaciones humanas. Evidentemente, las razas no son entidades "discretas" ni están totalmente aisladas entre sí, pues en este caso no serían razas sino especies distintas. Los análisis genéticos más modernos distinguen consistentemente, en cualquier caso, estas diferencias genéticas entre poblaciones (Sudmant, PH et al., 2015).

El argumento más popular contra la existencia de diferencias poblacionales genéticas, el mantra de que hay más variación genética dentro de las poblaciones que entre poblaciones, luego no hay diferencias raciales genéticas, es reconocido ampliamente como "falacia de Lewontin" (Edwards, 2003). De nuevo no hay que tomar muy en serio al editor de Wikipedia cuando afirma que esta falacia es muy "discutida". Cavalli-Sforza otra vez (entrevistado hace años por Razib Kahn):

Lewontin dijo que las fracción de variación entre poblaciones es muy pequeña en los humanos, lo cual debería ser cierto a tenor del conocimiento presente de la arqueología y la genética según el cual la especie humana es muy joven (...) Lewontin probablemente esperó, por razones políticas, que era “trivialmente” pequeña, y hasta lo que conozco nunca ha mostrado interés por los árboles evolutivos, por lo que no se preocupó por reconstruirlos. En esencia, Edwards ha objetado que NO es trivialmente pequeña, dado que es suficiente para reconstruir el árbol de la evolución humana, tal como hizo, y obviamente tiene razón.

Otra fuente popular de negacionismo, Stephen Jay Gould, tampoco disfruta de buena salud. Por no mencionar la objeción, también frecuente, y también desmantelada, de que la evolución humana se ha detenido en los últimos milenios (Cochran y Harpending, 2009).  Lejos de haberse detenido, la evolución humana de hecho se ha acelerado tras la salida de África. Y algunas características de los fenotipos que varían entre poblaciones podrían ser muy recientes. Los seres humanos contemporáneos siguen evolucionando tanto local como globalmente.

Explicado con relativa sencillez, lo que tradicionalmente se llama "raza" humana es una población de individuos que comparten descendientes comunes, y que han desarrollado variantes genéticas relativamente distintivas debidas al aislamiento geográfico y reproductivo. Lynn (2006) define una raza humana como una “población reproductora que es genéticamente diferente en cierto grado de poblaciones vecinas como resultado del aislamiento geográfico, factores culturales y endogamia, y que muestra patrones observables de diferencias en frecuencias genotípicas”. Otras formas, no "superficiales", de reconocer una raza humana son el análisis forense de los huesos, las bacterias bucales (Mason et al., 2013) y la neuroanatomía (Chun Chie Fan et al., 2015). Incluso las huellas dactilares (Fournier y Ross, 2015) podrían contener pistas.

Comentarios

  1. Quizás actualmente no tengamos más de una especie humana, al menos reconocida, pero el sapiens actual, podría tener unos orígenes mucho más sorprendentes y diversos de lo que creemos, y quizás los linajes reales tengan también orígenes inesperados.

    La hipótesis de una humanidad hibrida, que explica ampliamente el genetista Dr. Eugene McCarthy en la página:
    http://www.macroevolution.net/human-origins.html
    Podría representar la confirmación expuesta en muchas mitologías y escritos antiguos sobre nuestros orígenes.

    El Dr. McCarthy es experto en hibridación y explica que la hibridación entre especies diferentes, es más común de lo que se cree, en muchos casos es viable, y, contrariamente a las creencias comunes, a menudo suele originar individuos capaces de reproducirse y en poco tiempo estabilizar una nueva especie.

    Atendiendo a los diversos parecidos tanto en fenotipo como en genotipo, McCarthy propone a los homínidos como unos híbridos entre los antepasados de los cerdos y los chimpancés.

    Curiosamente parece ser que en la mitología del pueblo Abasis de Etiopia, se habla de unos animales parecidos a los cerdos, ligados a ambiente acuático, como el origen de los humanos:
    http://habasis.blogspot.com.es/2009/08/humanos-hijos-de-la-luz.html

    De modo análogo, las distintas historias sumerias sobre los anunakis vigilantes o ángeles caídos presentes en las tablillas sumerias, en la biblia y otros escritos antiguos, nos hablan de estos seres tomando esposas humanas, amoríos que podrían representar otra verdadera hibridación, cuyas pruebas podrían estar en ciertas extrañas inadaptaciones que poseemos a nuestro medio terrestre.

    Tampoco debemos desdeñar las historias de las mitológicas sirenas como posibles híbridos entre los homos y algunos de los seres acuáticos presentes en los escritos ancestrales.
    Los historiadores griegos escribieron muy extensamente sobre un sacerdote de origen caldeo llamado Beroso que salió huyendo de Babilonia y se instaló en la isla griega de Cos hacia el año 275 a. de C. Nos cuentan que escribió en griego la historia de Caldea y Babilonia de la que sólo se conservan algunos fragmentos y bastantes citas que corroboraron los historiadores griegos, y fueron confirmadas posteriormente gracias a las tablillas cuneiformes en las que pudieron comprobar que los datos, fechas y nombres que había dado Beroso eran exactos y coincidían también con la información de la época que había en los archivos del pueblo Hebreo. En los escritos y referencias que daba Beroso había muchas coincidencias con el Antiguo Testamento (Biblia Hebrea) y muy especialmente en todo lo relacionado con el diluvio universal. Cuando alguien preguntaba a Beroso como había aprendido todo lo que sabía de astronomía, él contestaba que se lo había enseñado un pez que salía del agua y que decía llamarse Oannes. Seguramente era uno de los Apkallu o Abgal, (Ab-gal-lu "barquero", "gran hombre-pez"), que en la mitología mesopotámica, eran siete espíritus sabios, creados por Ea (el dios de las aguas) en el Apsu (morada de Ea en el fondo del mar).

    Otros relatos interesantes suponen las afirmaciones de ciertos abducidos, que afirman haber tenido sexo con EBES parecidos a nosotros.

    Por lo que a la raza blanca se refiere, dejando aparte una posible hibridación con EBES blancos, o ancestrales razas humanas, existe la teoría de que fue originada por los negros albinos.

    Resumiendo pues, existen serios indicios de que los sapiens seamos el producto de un mix de especies y razas muy diferentes, ya sea de modo natural, o por ingeniería genética, o más probablemente de ambas formas.

    Dilucidar si somos más de una especie requeriría un enorme estudio genético de poblaciones. Todo llegará.

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  2. Me gustaría saber si algunos discípulos de Gustavo Bueno están al tanto de este tema tan importante. Sería interesante agregar a la "eutaxia", la conservación de poblaciones biológicamente diferenciadas y ciertas características culturales (aunque creo que Gustavo Bueno prepara el ajo y el agua bendita, cada vez que oye las palabras "cultura" o "identidad").

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    Respuestas
    1. Es que Bueno utiliza "eutaxia" en sentido político solamente. Se refiere al orden y la duración de la sociedad política: "En este sentido, la eutaxia encuentra su mejor medida, si se trata como magnitud, en la duración." Es algo muy próximo al famoso "conatus" de Spinoza. La duración de "poblaciones biológicamente diferenciadas" es lo que he propuesto llamar "conato étnico". Aparentemente este conato (la "nación étnica" en términos de Bueno) sería superado por el conato político (la "nación política"), la eutaxia, –especialmente después de la revolución política liberal, y lo que Bueno llama "holización", aunque yo creo que la dialéctica no se resuelve nunca, ni siquiera en las naciones revolucionarias. El conato étnico se aprecia todavía claramente en muchos comportamientos políticos, como la agrupación del voto étnico en torno a distintos partidos de las naciones políticas.

      http://www.filosofia.org/filomat/df563.htm

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