El discurso de Trueba

Nacional es una palabra que no me gusta nada. Mi palabra favorita del diccionario es “nada”. Mi segunda palabra favorita del diccionario es “desertor”. Yo nunca he tenido un sentimiento nacional. Siempre he pensado que en caso de guerra yo iría con el enemigo. Cuando leía la historia siempre decía, qué pena que España hubiera ganado la guerra de la independencia. A mí me hubiera gustado muchísimo que la ganara Francia. Que le den un premio nacional a alguien como yo es medio incorrecto. Siempre he estado a favor de que hay que destruir las fronteras y no crear ninguna nueva. Me encanta eso de “Médicos sin fronteras”. La verdad es que yo no me he sentido nunca español. Jamás, ni cinco minutos de mi vida. 

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En España está muy extendida la idea de que los españoles son únicos odiándose a sí mismos. Sin embargo, no es cierto.

En ninguna de las encuestas sobre “orgullo nacional” ocupa España los últimos lugares. Para poner sólo un ejemplo, los británicos son una de las naciones menos patrióticas de Europa. La mayoría de los españoles de hecho se sienten bastante o muy orgullosos de su nacionalidad, según los datos de WVS.


La mayoría también se ven a sí mismos como “ciudadanos del mundo”, según la misma encuesta internacional.


Otros indicadores son más alarmantes, como que sólo el 16% de los españoles estén dispuestos a defender con las armas a su patria de una invasión. Pudiera pensarse que la historia hace a los españoles suroeuropeos "genéticamente" menos vulnerables al deterioro de las identidades nacionales, después de llevar adelante la Reconquista, de sufrir las aceifas cordobesas o la piratería mediterránea, pero no es así.

Las ideas de Trueba son minoritarias en la población general, aunque nada infrecuentes en minorías artísticas e intelectuales europeas. Un Arturo Pérez Reverte, por ejemplo, que pasa a veces por patriota español, no ha dicho cosas muy distintas. Lejos de ser una peculiaridad española, como se cree más a menudo, es un discurso típico entre lo que Kevin MacDonald llama “élite hostil”; etiqueta muy descriptiva ya se entienda esta hostilidad ideológica como resultado de influencias europeas más indígenas o –según el punto de vista de MacDonald– como resultado directo del conatus étnico judío.

El discurso de Trueba –es gratuito excusarlo como "humorístico"– se sitúa en el extremo de un espectro de opiniones fomentadas o toleradas por la élite hostil, cerca de conceptos poéticos, casi místicos, de la patria: "Mi patria, por tanto, podría estar en cualquier lado y, en su manifestación ideal, estaría en todos ellos". Valores más normales coinciden con el “patriotismo constitucional”, una herencia directa de la derrota del nazismo, y del sentimiento de culpa alemán que pretende generalizarse a todas las patrias europeas, como hemos visto ya. Lo que todos estos valores "normales" tienen en común es realmente la hostilidad hacia las identidades tradicionales y nacionales europeas, consideradas como lastres irracionales, incluso "extremistas", vestigios de un pasado demasiado robusto para los intelectos más gráciles.

Comentarios

  1. Pérez-Reverte de grácil no tiene absolutamente nada. De hecho es apodado Chuck Norris.

    Reverte sabe de sobra que sus ideas ilustradas son autodestructivas, como expuso en el artículo "Los godos del emperador Valente".

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