Por qué fracasó el neoconservadurismo

Neoconservadurismo ("Neocón", para abreviar) se refiere a un conjunto de pensadores políticos estadounidenses, principalmente de etnia judía, y con orígenes ideológicos arraigados en la extrema izquierda, surgidos en la segunda mitad del siglo pasado.

En conjunto, se trata de un movimiento complejo y es obligado distinguir al menos entre Leo Strauss –su principal lider intelectual–, el resto de “straussianos”, y el “brazo secular” encarnado por la llamada “Doctrina Bush”. Resulta pintoresco que los neocones oscilen desde el marcado escepticismo en torno a la democracia liberal que destila el trabajo de Strauss, hasta el idealismo democrático más extremo, capaz de derivar en la guerra “democratizadora” de Iraq.

En aquel momento parecía una buena idea

Precisamente esta asociación entre los neoconservadores y la política exterior de George Bush II provocó una fuerte oposición mundial, de la que España no se libró tras participar –más propagandística que efectivamente– en la escuálida coalición de guerra contra el régimen de Sadam Husseim en 2003. En nuestro país el movimiento provocó más pancartas que reflexiones, con la excepción del trabajo del profesor Gregorio Luri, o la refrescante crítica de Gustavo Bueno contra el “síndrome de pacifismo fundamentalista”.

"Neocón" pasó a ser rápidamente empleado como un insulto, y las ideas neoconservadoras prosperaron sólo en pequeños círculos. Algunos leímos a Leo Strauss, y a neocones modernos como Robert Kagan. Entonces el neoconservadurismo era una ideología atractiva para la gente con una mentalidad de derechas e inclinada hacia lo trágico. Yo mismo participé en la creación de un extinto portal de internet en 2007, Siracusa 2.0, inspirado parcialmente en una ideología decadente, en paralelo al fracaso estratégico del “brazo secular”. Irónicamente este fracaso supone una vuelta al que para algunos sería el Strauss más prístino, aquel que manifiesta un radical escepticismo hacia el racionalismo político: “Difícilmente podría sentirse (Leo Strauss) atraído por un proyecto tan baconiano, y tan arrogante, como democratizar el mundo a gorrazos.

Fue sonada la disidencia del científico político Francis Fukuyama, publicada en 2006: “A medida que nos aproximamos al tercer aniversario del inicio de la guerra de Iraq parece poco probable que la historia juzgue amablemente tanto la misma intervención como las ideas que la animaron”. Fukuyama fue honesto reconociendo el fracaso de su ideología, pero su análisis es mayormente ideológico y –a mi modo de ver ahora– no acierta con la causa no ideológica del problema.

Esta causa no ideológica probablemente tiene que ver con la interacción entre organización política y biodiversidad humana. Steve Sailer ha explicado por qué las democracias no evolucionan fácilmente en poblaciones humanas que favorecen la endogamia:

Al fomentar intensas lealtades familiares y fuertes necesidades nepotistas, la endogamia hace que sea más difícil el desarrollo de la sociedad civil. Muchos estadounidenses han oído que Iraq está compuesta de tres grupos étnicos: los kurdos del norte, los suníes del centro, y los chiítas del sur. Claramente, estas rivalidades étnicas podrían complicar la tarea de reformar el gobierno en Iraq. Pero esto es sólo un resumen de arriba abajo sobre la composición étnica de Iraq. Cada uno de estos tres grupos es divisible en tribus más y más pequeñas, clanes y familias extendidas endógamas, cada cual con sus propias alianzas, rivales y feudos. Y el motor bajo estas endemoniadas divisiones sociales es la a menudo ignorada institución del matrimonio entre primos. 

Es difícil averigüar con exactitud si las poblaciones islámicas son endogámicas porque practican el Islam, si practican el Islam porque son endogámicas, o si hay más bien un poco de todo, pero lo cierto es que existe una asociación negativa entre consanguinidad y democracia (Woodley y Bell, 2012) que es muy relevante para la ciencia política y para los ideales democráticos universalistas.

Un aspecto crucial del neoconservadurismo es desde luego su asociación con el conatus étnico judío (o al menos conatus político, con el permiso de la "teoría Kazar"). Según el comentario de Paul Gottfried, resumido en la revista digital digamos poco inclinada hacia el sionismo The occidental observer, los neocones son en realidad una manifestación de la hegemonía ideológica judía y representan una “falsa alternativa” a la izquierda, en el medida en que defienden cosas como “el estado del bienestar, la integración racial, la inmigración no blanca y una concepción doctrinal abstracta de la identidad estadounidense, que es la misma agenda básica de la izquierda judía.”

A muchas personas aspirantes a poseer una mentalidad “moderna”, es decir, altamente grácil, la idea de que hay un conatus étnico les resulta desagradable y vestigial. Ya se sabe: el pasado es robusto, el futuro es grácil. La raza es robusta, el internacionalismo abstracto es grácil. Pero que los judíos, o cualquier otro grupo humano, sean conscientes de cuáles son sus intereses y los persigan no tiene nada de pasado, acientífico, o irracional. Es más bien una expectativa que deberíamos mantener al analizar cualquier conflicto político del presente. Más sorprendente es que grupos ajenos al judaísmo, o a los intereses del estado de Israel, asuman como propio el sionismo. En las naciones de mayoría europea, en parte por la via del neoconservadurismo, y en parte como respuesta refleja al antisemitismo de la izquierda, de hecho ha florecido en los últimos años una especie de conatus étnico vicario representado por los nuevos “sionistas” de la derecha. Lo sé porque yo fui uno de ellos. Y este fenómeno sí que necesita una explicación.

Comentarios

  1. Joaquín González21 de agosto de 2015, 15:06

    "Lo sé porque yo fui uno de ellos."

    Yo también fui uno de ellos.

    "Y este fenómeno sí que necesita una explicación."

    Tu mismo acabas de explicarlo en parte:

    1. Acto reflejo como respuesta al antisionismo de la izquierda, y
    2. La influencia neocon.

    Yo añadiría otros factores:

    3. La hostilidad compartida frente al Islam.

    4. Defender los intereses étnico/políticos de los judíos tal y como están representados por el estado de Israel es una forma de sublimar el conatus étnico propio, un ersatz más políticamente correcto (al menos, a los ojos de la comunidad judía).

    5. Hay otro factor que es más de carácter religioso, y que tiene un efecto notable en amplios sectores de la comunidad protestante de los EE.UU., los "cristianos sionistas". Su peculiar cristianismo hace que se identifiquen con el pueblo de Israel, aunque el sentimiento dista de ser mutuo. En España, César Vidal solía representar esta corriente de opinión.


    Aprovecho para hacer una pregunta técnica: ¿crees que el término "consanguinidad" puede servir como equivalente aproximado del vocablo inglés clannishness? Confieso que no sé cuál es el término que se usa en la literatura académica en español.

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  2. En España hay que subrayar la debilidad extrema que atraviesa la identidad nacional. Muchos "sionistas de Palencia" o bien desprecian lo español, o bien mantienen una concepción "liberal" y abstracta de lo español. Así que sionismo viene a ser una identidad étnica sustitutoria, sublimada.

    Así a botepronto me parece que "consanguinidad" y "clannishness" son distintos. Aparte designar que dos personas tienen una relación familiar genética, "familia consanguinea" suele ser el matrimonio entre parientes, principalmente primos, que según los antropólogos es el tipo de familia primitivo. "Clannishness" parece algo más parecido a "tribalismo", pero tampoco sé cómo se suele traducir.

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