La modernidad occidental no es adaptativa

En biología, fitness suele definirse en función del éxito reproductivo individual. Pero los grupos también pueden tener más o menos éxito traspasando sus genes distintivos a las siguientes generaciones. Una tasa de fecundidad por debajo de la tasa mínima de reemplazo (algo más de dos hijos por cada mujer) puede dar al traste con una población humana milenaria. En términos darwinistas la riqueza, la inteligencia o la fineza cultural no son un fin último. Sin suficientes hijos fuertes no hay porvenir.

Los europeos se han hecho realmente más prósperos, pacíficos, menos religiosos y más gráciles durante los últimos siglos, pero este es un “pacto fáustico” y tiene un costo. Distintas proyecciones demográficas coinciden en predecir que los “blancos”, o personas de origen europeo, serán una minoría en sus propios países para la década de los cuarenta o cincuenta, tanto en Estados Unidos, como en Europa. Globalmente, la población en Europa pasará del 11 al 7% mientras que la africana pasa del 15 al 25%.


Pew Research Center

¿Pero acaso es esto malo? El optimista racional Max Roser ha publicado distintos gráficos mostrando que las cosas van mejor en África: años de escolarización, mortandad infantil, crecimiento económico, etc. Lo que está omitido en este relato es que el origen de estas mejoras no es endógeno, sino que se debe a la ayuda exterior, principalmente europea. Desde el "colonialismo sanitario" al auxilio financiero y político. La Unión Europea, en concreto, es el primer donante mundial de ayuda al desarrollo que en buena medida termina en África: "Juntos, la Unión y sus Estados Miembros prestan más de la mitad de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) mundial" (Pareja Rodríguez, 2015). Pese a las mejoras, y quién sabe si debido a ellas, Europa percibe al continente africano como "generador de inestabilidad", incluyendo nuevos flujos migratorios que en último término podrían llegar a sustituir o reemplazar (el término es de la propia ONU) a las poblaciones europeas.

Aunque España ha llegado algo más tarde que los países norueuropeos a la era de la inmigración no europea masiva o de sustitución, de todos modos no estamos libres de peligro. Tenemos una tasa de fertilidad desastrosa, 1.34 hijos por mujer, según datos del Banco Mundial, y la población extranjera legalmente registrada ha pasado del 0.5% de principios de los ochenta al 10-12% actual. En paralelo, se registran más de 100000 abortos por año.

Existen distintas causas para el declive demográfico, algunas podrían ser ambientales, como el hecho de vivir en las ciudades, pero otras son claramente ideológicas, morales y psicológicas. La familia humana ha atravesado distintas crisis, incluso en el área de civilización europea –los romanos llegaron a imponer un impuesto, aes uxorium, específico contra los solteros–, pero la modernidad occidental es quizás la primera experiencia histórica donde concepciones heterodoxas sobre la sexualidad y la familia humana aspiran a la hegemonía. Del mismo modo, hay evidencias de que las poblaciones que asumen la escala de valores "occidental" experimentan un destino similar a las naciones blancas. Si ponemos el declive demográfico europeo en el contexto de la competencia interétnica global, no hay razón para asumir que las presiones típicamente darwinianas han dejado de existir en la humanidad moderna.

Esta es la primera tesis de un total previsto de once, que iré publicando regularmente.

Comentarios

  1. No conocía tu blog. Muy interesante y buen trabajo.

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  2. Joaquín González30 de agosto de 2015, 11:35

    Do not go gentle into that good night,
    Old age should burn and rave at close of day;
    Rage, rage against the dying of the light.


    La película Interstellar volvió a poner de moda este poema de Dylan Thomas.

    Espero con impaciencia las diez tesis restantes.

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