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Por qué el “escepticismo” no es suficiente

Lo que se llega a entender hoy en día por escepticismo –a veces, "escepticismo científico"–, no se parece mucho al escepticismo clásico:

Según Diógenes Laercio (Vidas de los filósofos ilustres, I-16) existían básicamente dos tipos de filósofos en el mundo helénico: los dogmáticos y los escépticos. Los dogmáticos eran aquellos que “se expresan sobre las cosas como si fueran comprensibles”. En contraste, los escépticos antiguos negaban que podamos comprender la verdad y, mediante el empleo de la retórica y de la oratoria, aparentemente mostraban que la razón humana era capaz de defender un mismo “dogma” y el contrario. Este método escéptico acarreó la expulsión de los filósofos griegos de Roma en el siglo II d.C, acusados de pervertir a la juventud, después de que el escéptico Carnéades defendiera en dos discursos sucesivos ante los jóvenes romanos la importancia de la justicia y… de la injusticia. En la tradición islámica, el escepticismo está ligado al declive de la misma filosofía, una vez que se impusieran las tesis de Al-Gazhali contra “la incoherencia de los filósofos” en el siglo XII de nuestra era. 

Escépticos modernos 

Parece que es Diderot el inventor del “escepticismo” moderno. Tal como argumenta Israel (2010): “convirtió el escepticismo en una herramienta, o un primer paso, de la razón misma. En lugar de tomar el escepticismo como un modo de cuestionar la razón, como era habitual en Montaigne y otros, emulando a Bayle y varios manuscritos clandestinos, Diderot convirtió el escepticismo en un instrumento principalmente destinado a cuestionar las creencias de la gente”.

Esta raíz ilustrada radical fundamentaría a los escépticos modernos. Así, el libro seminal de Martin Gardner, Fads and fallacies in the name of science (1952) o la fundación, dos décadas después, del célebre Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal, en la que participan el propio Gardner, Philip Klass, James Randi y Carl Sagan. Apoyándose en el llamado “problema de demarcación” señalado por los filósofos de la ciencia del siglo XX (Popper, Lakatos, etc) las críticas escépticas se centran de hecho en un núcleo de temas considerados claramente “pseudocientíficos”, como el espiritismo, la astrología o la ufología. Es decir, justamente en “las afirmaciones de lo paranormal”.

Escepticismo inflacionario

Desde hace años, sin embargo, existe una tendencia ideológica inflacionaria en el “movimiento escéptico”, por la que se aleja del “núcleo” paranormal original, cuyos contornos de todos modos son imprecisos. Este alejamiento del núcleo desdibuja los criterios de demarcación, de por sí discutibles, haciendo que los nuevos temas sean más y más sensibles a contaminarse con sesgos tribales.

Un ejemplo claro de escepticismo inflacionario es el portal de internet Rational Wiki, una enciclopedia editable patrocinada por una fundación con sede en Nuevo México, EE.UU, con objetivos tan ambiciosos como “analizar y refutar la pseudociencia y el movimiento anticiencia”, “documentar una amplia gama de ideas estúpidas” y “explorar el autoritarismo y el fundamentalismo”. En lo básico es una iniciativa ideológicamente liberal surgida a partir de desavenencias con los editores de otro wiki ideológicamente motivado: Conservapedia. Rational Wiki está “inflada” con asuntos muy variados: “Creacionismo”, “Cambio climático”, “Feminismo”, “Racismo científico”, “Negacionismo científico”, etc.

Racionalidad general 

El supuesto rara vez examinado de este tipo de escepticismo es la existencia de algo así como una racionalidad general (“pensamiento crítico”) aplicable con éxito, si se hace de buena fe, a la resolución de cualquier problema.

Otro concepto clave es "comunidad científica”, originado en Thomas Kuhn, cuya intención es más bien señalar que los científicos no son héroes solitarios, sino que trabajan en grupos más amplios y “paradigmas” teóricos. La idea, sin embargo, toma fácilmente un sentido más conciliar, universalista y utópico, cuyas raíces profundas acaso se hunden en la ficticia “nueva Atlántida” de Francis Bacon.

Eventualmente, la comunidad científica alcanza el “consenso científico”, algo así como una declaración dogmática a cargo de agentes racionales desinteresados, una vez que los mismos científicos destruyen los idola fori, y en la medida en que –desde esta perspectiva cientificista– cabe distinguir a los científicos de los teólogos, los filósofos o la gente corriente.

La filiación entre términos como “comunidad científica” y “consenso científico” y conceptos políticos o incluso religiosos (“comunidad cristiana”) extracientíficos, es evidente, aunque no muy subrayada. En un post previo sugerí que las “comunidades científicas” están siempre vinculadas con comunidades políticas (y quizás, más alarmantemente, comunidades bioculturales):

Los partidarios de la "diversidad" suelen entender la ciencia como una "comunidad científica" universal, separada radicalmente de la comunidad política. Pero como recuerda Gustavo Bueno, la sociedad civil forma siempre parte de la sociedad política. Es más, el origen de la idea de una sociedad política universal estaría en la religión y posteriormente en la filosofía secular europea. La idea aparece ya en los filósofos estoicos, en la sociedad cosmopolita cristiana (es decir, la iglesia) y daría lugar "en 1789, a la concepción de una sociedad (o comunidad) civil universal presidida por los derechos humanos." Pero del mismo modo que que la sociedad universal cristiana sólo se puede realizar en el seno del imperio romano, también la sociedad o comunidad científica universal se realiza en el seno de determinadas sociedades políticas, similarmente a como Darwin sólo pudo haber ideado su "teoría de la evolución" a bordo de una nave de la marina real británica, el Beagle. De la misma forma, la mayoría de las publicaciones científicas se escriben hoy en inglés, que es el idioma de un imperio, pero no en esperanto, latín, español o catalán. También es bien sabido que el sistema de publicación científica mundial está dominado por un pequeño número de editoriales y de revistas, como "Nature" y "Science", cuyo impacto científico es abrumadoramente superior al resto. 

La idea de una racionalidad general y últimamente de un “método científico” definitivo es controvertida al menos desde Descartes –antes Ramón Llull ya había conjeturado con una “máquina de pensar”–, que intenta proporcionar un nuevo fundamento a las ciencias, si bien se detiene en los asuntos humanos y la “moral provisional”. Un intento reciente interesante de definir la racionalidad general corre a cargo de los transhumanistas, que distinguen entre “racionalidad instrumental” y “racionalidad epistémica”, y tiran la oreja de los pensadores escépticos convencionales, demasiado tribales para reconocer la verdadera dimensión del problema de la singularidad tecnológica y la superinteligencia artificial.

Tribus científicas

El problema es que la idea de una “comunidad científica” universal, espontáneamente aceptada por los periodistas científicos y muchos científicos, es puesta en ridículo de inmediato sólo con observar que los propios trabajos de los científicos están muy lejos de estar “puestos en común”. A menudo la “ciencia” está secuestrada por editoriales privadas, sociedades científicas e instituciones. No hay “comunidades científicas” propiamente hablando sino gremios y tribus.

La “racionalidad general” –sea lo que esto sea– no demuestra tampoco utilidad alguna para poner fin de una vez por todas a las luchas entre egos, departamentos, escuelas y aproximaciones. Frente a las ilusiones de concilio, la “dialéctica de las ciencias” sigue siendo norma.

Para poner un ejemplo, la biodiversidad humana –perspectiva defendida en este blog– puede ser criticada, pero no desde la “racionalidad general”. Los que se oponen a la conclusión de que la cultura no explica todas las diferencias humanas no lo hacen desde una alada razón, sino desde otras concepciones teóricas e ideológicas, representadas pongamos por caso por la escuela boasiana de antropología.

La “racionalidad general” tampoco sirve para echar abajo las teorías feministas –por poner un ejemplo "no tribal" en mi caso–. En cambio, unas teorías feministas pueden ser criticadas y a menudo lo son desde otras teorías feministas (por ejemplo, “feminismo de género” y “feminismo de la igualdad”) o bien desde posiciones antifeministas.

Es dudoso que incluso teorías en apariencia extravagantes –teorías de la conspiración, hipótesis extraterrestres, etc– puedan ser despachadas y desbaratadas como creencias simplemente "irracionales", como muestra la resistencia milenaria de las ideas de corte gnóstico –frente a una feroz oposición– en nuestra propia tradición.

Resumiendo lo que quiero decir en estas notas: ocultar la propia ideología en soleadas afirmaciones sobre la “razón” y la “ciencia” no sólo es bastante feo y presuntuoso, también es ineficaz. No hay "máquinas de pensar", sólo cabezas humanas, construídas deficientemente por la evolución y adaptadas a nichos culturales variantes y conflictivos.

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