Materialismo e idealismo militar. El caso de la "puñalada por la espalda"

Guderian en el frente ruso

Es conocida la teoría de la “puñalada por la espalda” como un intento de atribuir las causas de la derrota alemana en la primera guerra mundial a “un determinado número de asuntos internos domésticos, en lugar de a un fallo geoestratégico militar”. Esta idea fue desarrollada y dada a conocer principalmente por Hitler en Mein Kampf (1925) (Hay edición en español: Mi lucha. Antalbe. 1984). Además de culpar a los judíos y los bolcheviques, la concepción del führer se fundamentaba en una visión fuertemente idealista del campo de batalla:

Los reveses sufridos en el campo de batalla en agosto de 1918 habrían podido soportarse con toda facilidad. No fueron ellos los que nos vencieron; lo que nos venció fue la fuerza que preparó el terreno para estos reveses, despojando a la nación del instinto y la energía políticos y morales, merced a procedimientos puestos en práctica por espacio de muchas décadas; y sólo estos sentimientos hacen a las naciones capaces de existir y justifican su existencia (Pág. 151). 

Más adelante observaba también que “No es la falta de material bélico sino la falta de fuerza de voluntad lo que nos torna hoy incapaces de ofrecer una resistencia seria” (Pág. 193).

Esta idea se ha discutido hasta el punto de considerarla “legendaria”, como denota la expresión alemana Dolchstoßlegende/Dolchstosslegende. El experto en estudios judíos Richard Steigmann Gall (2007) considera que esta “infame” leyenda en realidad tenía su origen en un sermón del capellán protestante Bruno Doehring pronunciado el 3 de febrero de 1918, a nueve meses del desenlace de la guerra. Para Steigmann-Gall, los protestantes alemanes más fanáticos que habían sobresalido por su “teología de guerra” quedaron profundamente conmovidos por el resultado del conflicto, por lo que prefirieron “considerar la derrota en términos morales y creer que la causa se hallaba en la traición doméstica a Alemania y a Dios” (El reich sagrado. Concepciones nazis sobre el cristianismo. Akal. 2007). No obstante, parece que que Dohering no empleó aún el término “puñalada”

Independientemente de la verosimilitud histórica de la “puñalada”, la concepción subyacente estaba lejos de ser irracional y Hitler no fue original asociando la sedición interna con el resultado de las guerras exernas. Platón expuso en Las leyes la idea de que existen dos especies de guerra: la guerra con el extranjero y la guerra de la ciudad consigo misma, o sedición, que “nadie querría que surgiese en su propia ciudad, y que una vez surgida, querrían todos que acabase cuanto antes” (Las Leyes, I-628a). En boca del interlocutor ateniense del diálogo, Platón considera la sedición “la peor de todas las guerras” (Las leyes, I-629d).

En apoyo de la verosimilitud de la "puñalada" tenemos los efectos directamente observados de la revolución rusa sobre el desenlace de la guerra en Rusia, pero también los efectos de la política favorita entre otros de los socialistas franceses, encabezados por León Blum en los años treinta. Murray y Millett (La guerra que había que ganar. Booket. 2010) reconocen que el gobierno del Frente Popular en Francia "denunció las propuestas de Charles de Gaulle de crear una fuerza blindada alegando que era una estratagema para crear un ejército agresivo". Evidentemente, los socialistas pensaban que la "dialéctica de clases" se impondría a la "dialéctica de estados". Blum creía que en caso de producirse el ataque alemán "no haría falta tener blindados porque la clase obrera se alzaría como un solo hombre para defender la república", por lo que el gobierno frente populista "debilitó la industria de defensa francesa hasta tal punto que incluso Italia gastó en ella más que Francia en el periodo 1935-1938". La bolchevización como forma prevista de desmoralizar a la nación era algo totalmente común, y fue de hecho empleada conscientemente por las mismas fuerzas aliadas durante el curso mismo de la guerra, tal como relata Antony Beevor (Ardenas 1944. La última apuesta de Hitler. Crítica. 2015): "Se consideró la puesta en marcha de una Operación Bradock II, en la que la Dirección de Operaciones Especiales debía promover una sublevación de trabajadores extranjeros en Alemania a modo de caballo de Troya, pero el proyecto fue cancelado por la presiones de los jefes de los bombardeos".

Indudablemente, el idealismo militar hitleriano procede de una larga tradición y posee un grano de verdad que excede a condiciones históricas particulares. Como reconocía el padre Mariana a veces es cierto “que no vence el número sino el ánimo”.

Es interesante, sin embargo, que miembros destacados de la maquinaria estatal germana no compartieran los términos más optimistas del idealismo militar. Heinz Guderian, que llegó a jefe del Estado Mayor, fue exculpado en los juicios de Nuremberg y parece haber participado en tramas para terminar con el liderazgo de Hitler, contó una historia muy diferente en su Achtung-Panzer! (1938), libro divulgativo en el que defendía la motorización y modernización de la Wehrmacht, y que suele considerarse un antecedente ideológico de la “guerra relámpago” (Blitzkrieg) (La cursiva es mía):

Creíamos tener un contrapeso moral superior al de nuestros enemigos, y probablemente teníamos razón en ese aspecto. Pero sólo este contrapeso no fue suficiente para ganar la guerra. De ahí que en el futuro sea recomendable tener en cuenta no sólo el estado moral y psíquico del pueblo, que por cierto es de decisiva importancia, sino también el material

Frente al idealismo militar hitleriano, basado en una filosofía profundamente voluntarista, el general Guderian intentó explicar la derrota germana justamente en términos de “materialismo militar”, creyendo encontrar la causa fundamental en el conservadurismo de las tradiciones militares y en particular en su resistencia a integrar el novedoso carro de combate como recurso táctico y estratégico:

Tuvieron que producirse muchas bajas sangrientas hasta que se reconoció la causa de las derrotas y la necesidad de una defensa eficaz contra esta potente arma. Pero este reconocimiento llegó demasiado tarde como para que pudiera desplegar sus efectos durante la guerra.

Cabe decir que los historiadores generalmente coinciden en que ni la desactualización militar del ejército alemán ni la "puñalada por la espalda" fueron las causas principales de la derrota de Alemania en la "gran guerra".

Comentarios

Entradas populares