La fraudulenta ciencia sobre el "sexismo" en la ciencia

Maria Salomea Skłodowska-Curie y colegas (1927)

Desde hace años, y muy intensamente en la última década, hay una fuerte campaña para promover la participación de las "mujeres en la ciencia", especialmente en las disciplinas consideradas "duras": ingenierías, matemáticas, informática y ciencias físicas, donde parece darse una persistente "infrarrepresentación" femenina. Los gobiernos occidentales derraman millones de euros o dólares anualmente en campañas publicitarias, programas de estudios universitarios, publicaciones y eventos de todo tipo en el mundo académico y extraacadémico. Hasta los fabricantes de tintes para el pelo se apuntan al carro. Los activistas y periodistas científicos, actuando como correas de la propaganda gubernamental, publican desde sus plataformas subvencionadas decenas y quizás cientos de artículos con titulares a menudo vociferentes, pero muy "retuiteados" y difundidos.

La causa de la "brecha de género" en ciencia, es decir, el exceso de hombres participando en estas áreas de la ciencia (y de la filosofía, otra disciplina de tradicional "dominación masculina") normalmente se atribuye al "sexismo" y la discriminación. Esta discriminación se extendería desde el pasado, donde una conspiración masculina habría oscurecido sistemáticamente las contribuciones de las mujeres en la ciencia, y de ahí la necesidad de implantar una "historia de la ciencia" motivada ideológicamente, a la manera de Patricia Fara, hasta un presente donde sobreviven "estereotipos" y obstáculos institucionales a la participación femenina. De ahí la necesidad de dirigir costosos estudios experimentales orientados a descubrir estos supuestos sesgos y estereotipos sexistas, como préambulo de las políticas de "discriminación positiva".

Explicaciones alternativas a la malevolencia patriarcal, como diferencias innatas de sexo en las capacidades o en las motivaciones, siguen considerándose básicamente un tabú, y conllevan graves costos sociales, como evidencia el incidente con Lawrence Summers en la universidad de Harvard, o las excusas de la revista Nature por publicar una carta en la que se hacía la increíblemente ofensiva sugerencia de que la ciencia debería preocuparse por la calidad de los trabajos y no por el sexo de los autores, por poner sólo dos ejemplos.

Hace un par de años causó mucho revuelo un "innovador trabajo" publicado en PNAS (Moss-Racusin et al., 2012) mostrando un sesgo favorable a los candidatos masculinos para trabajar como jefes de laboratorio. El artículo provocó que los periodistas y activistas "científicos" denunciaran el masivo sexismo de la ciencia académica.

Un metaanálisis reciente dirigido por los sospechosos habituales Ceci y Williams (2015), sin embargo, cuenta una historia muy diferente. Las conclusiones básicas las ha resumido Claire Lehmann, que también pasa revista a algunas reacciones histéricas: "A lo largo de las ciencias las mujeres tienden a recibir más ofertas de trabajo que los hombres, reciben financiación para investigar y sus artículos son aceptados en la misma medida, son citadas en la misma medida y son aceptadas como profesoras y promocionadas en la misma medida." Es correcto: las mujeres en la ciencia tienden a recibir más ofertas que los hombres, no menos. Pero pese a que el sesgo de contratación favorece a las mujeres en una ventaja de 2 a 1, la mayoría de los comentaristas aún insisten en que hay que seguir "impulsando" las carreras de las mujeres en la ciencia. No hay que ser ningún lince para adivinar qué estarían diciendo si el resultado hubiera sido el inverso.

Otra línea de supuestas evidencias apoyando el sexismo científico proviene de las "amenazas de estereotipo", concepto muy reciente creado por Spencer, Steele y Quinn (1999), de acuerdo con el cuál los estereotipos sociales sobre la supuesta inferioridad femenina determinan la brecha de género en los test de matemáticas. Pese a la enorme difusión que se ha dado a estos estudios, de hecho las conclusiones son muy difíciles o imposibles de replicar debido a deficiencias en la selección de la muestra (como escoger sólo a mujeres con las mayores capacidades matemáticas) y el análisis estadístico. Un metaanálisis reciente (Flore & Wichters, 2015) aporta conclusiones bastante demoledoras, resumidas en el blog Replication Index:

El metaanálisis revela que no existen evidencias replicables para apoyar los efectos de las amenazas de estereotipo en las capacidades matemáticas de las estudiantes. El metaanálisis también implica que cualquier efecto verdadero de las amenazas estereotipo es probable que sea pequeño (d<.2). Con un efecto real de d=.2, los estudios originales de Steel et al. (1999) y la mayoría de los estudios de replicación no tienen fuerza suficiente para demostrar que las amenazas de estereotipo causan efectos, si tales efectos existen.

En román paladino, las amenazas de estereotipo no existen, después de 15 años de estudios.

En el mismo blog apuntan a que "las razones reales para las diferencias de género en capacidades matemáticas aún son desconocidas". ¿Qué hay de diferencias biológicas innatas entre hombres y mujeres, incluso si las diferencias en la media son pequeñas?

Comentarios

  1. Joaquín González18 de mayo de 2015, 10:42

    Actualmente, en los países occidentales se da una confluencia de estos tres fenómenos:

    - Mayoría de mujeres matriculadas en estudios superiores de ciencias sociales y humanidades.

    - Dogma igualitarista de tabla rasa en los ámbitos de las ciencias sociales y humanidades.

    - Masificación (también llamada "democratización") de los estudios superiores.

    De esta confluencia de circunstancias, ¿es legítima la expectativa de que las últimas generaciones de mujeres en países occidentales son más igualitaristas, o que están más "marxistizadas", que los varones, por estar más expuestas a esa ortodoxia ideológica?

    No tengo confirmación empírica, pero no me extrañaría si un metaestudio confirmara mi hipótesis.

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  2. A mí me parece razonable suponer que la gente que estudia humanidades y ciencias sociales está más adoctrinada que el resto (si bien el "marxismo cultural" es propaganda disuelta en multitud de medios, no sólo académicos), y puesto que hay mayoría de mujeres en esas áreas de la ciencia, también es razonable suponer que la "brecha de género" en igualitarismo favorece a las mujeres. Las tendencias de voto corroboran que la izquierda de los países occidentales tiene un gran caladero de votos en las mujeres (y recientemente los inmigrantes). Luego hay factores de corrección, como el mero hecho de tener hijos, que hace a las personas más "conservadoras" y más dispuestas a reconocer diferencias naturales de sexo.

    También ocurre que aunque los varones estén ligeramente menos expuestos a la ideología, carecen de doctrina para oponerse a las corrientes dominantes. Es decir, que no saben realmente como responder si se ven acorralados por los ideólogos.


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  3. Hace años había presión para introducir asignaturas de "ética" (es decir, marxismo cultural) en las carreras técnicas y científicas. No sé en qué habrá quedado eso, pero por lo visto existe la percepción de que los licenciados de STEM salen demasiado "asilvestrados" desde el punto de vista de la ideología.

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  4. Bueno, y luego está el hecho obvio de que las carreras técnicas y científicas duras, por naturaleza, están asociadas con un estilo de pensar y un cerebro más masculinizado. Siempre serán más competitivas, sistematizadoras y racionalizadoras que las humanidades, previamente a cualquier intervención.

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