No podemos. Elogio del pesimismo reaccionario

El mayor obstáculo al pensamiento calmado, razonado y basado en evidencias sobre la naturaleza humana es la propia naturaleza humana. No se llega fácilmente al pesimismo. Tienes que esforzarte por alcanzarlo

John Derbyshire es un matemático, columnista y escritor británico, naturalizado estadounidense,  autor de varios libros, entre ellos We are doomed. Reclaiming conservative pessimism (Estamos condenados. Reclamando el pesimismo conservador), publicado en 2009. El libro es precisamente lo que su título indica, una crítica del pensamiento optimista religioso y secular, especialmente en el contexto norteamericano anglosajón, abarcando una gran variedad de temas, de la “diversidad” ideológica al feminismo, el neoconservadurismo y el ateísmo militante posterior al 11 de septiembre.

Calvinismo racional

El pensamiento positivo del que Derbyshire pretende desembarazar al conservadurismo tiene una base histórica teológica que arrancaría hacia fines del siglo XVIII cuando el pesimismo de raices calvinistas de los pioneros da paso a la corriente teológica conocida como Unitarismo, y posteriormente al movimiento trascendentalista de los años 1830 y 1840 que “preparó el camino para el gran florecimiento del optimismo liberal”. Estas ideas teológicas, encarnadas en la ilusión de un país virtualmente libre de fronteras y enemigos políticos, forjan el sueño americano.

Pero el pesimismo conservador reclamado por Derbyshire tiene una raíz de corte científica y racional, y quizás también tiene algo que ver con sus propios orígenes europeos. Llama “biologicista” a su punto de vista, para distinguirlo de las otras dos grandes corrientes ideológicas hegemónicas: el culturalismo y el religionismo.

El religionismo emerge de rasgos centrales del pensamiento humano, tal como han sido descritos por científicos como Pascal Boyer (Religion explained, 2001), Scott Atran (In gods we trust, 2002) y Bruce Hood (Supersense, 2009). El culturismo tiene su raíz en las teorías de la tabula rasa (“tabla rasa”) de Aristóteles y Locke. Fue concebido en su forma moderna por el antropólogo alemán Adolf Bastian (1826-1905), que acuñó la frase “unidad psíquica de la humanidad”. Su estudiante Franz Boas llevó estas ideas a los Estados Unidos, donde se convirtió en el antropólogo estadounidense más influyente del siglo XX. 

Frente a estas dos corrientes hegemónicas, a grandes rasgos apoyadas por la izquierda y la derecha políticas, Derbyshire propone una visión pesimista racional en consistencia con la teoría evolucionista y la biodiversidad humana, que cuestionan la unidad de la humanidad, y con la psicología cognitiva y la neurociencia, que socavan las bases del libre albedrío. El igualitarismo optimista está condenado desde un principio: “Podemos aceptar este frío determinismo que emerge de las ciencias humanas, o podemos rechazarlo. Si lo aceptamos no queda mucho espacio libre para los grandes sueños americanos de igualdad y autonomía, formada por hombres libres que siguen los dictados de la razón”.

Estas ideas vagamente inspiradas en el calvinismo quizás hagan arquear la ceja a los lectores católicos mediterráneos, si bien la idea de que la teología católica es naturalmente más optimista que la protestante sólo es superficialmente cierta, y tiene sus brechas y lagunas, como muestra la histórica polémica de auxiliis.

El fin de la fe en el humanismo ilustrado

George W. Bush: "Con el tiempo la llamada de la libertad llega a toda mente
y toda alma"

La aceptación de esta visión en apariencia más fría y determinista no se opone sólo al optimismo progresista, sino también a los sueños de democratización universal típicamente neoconservadores, traducidos en el fiasco de Iraq y las “primaveras árabes”, y en general al proyecto del humanismo ilustrado ateo, a veces llamado “nuevo ateísmo”. Derbyshire firma aquí otro análisis muy fino:

Puede que los no creyentes –vale, sí lo pensamos– piensen que el cristianismo sólo es ligeramente menos chiflado que el Islam, pero el cristianismo es nuestro. Hemos estado con él durante siglos, y las relaciones entre los no creyentes y cristianos occidentales, aunque no siempre agradables, al menos son estables y confortables. ¿Podemos esperar lo mismo del Islam? 

El pesimismo racional, o “conservadurismo racional”, es simultáneamente una disposición del carácter –aunque también es verdad que no se llega a él fácilmente– y una doctrina filosófica que levanta el vuelo al atardecer de la experiencia histórica (pasada y reciente) y de las ciencias modernas de la conducta: la genética conductual, al mostrar que todo rasgo de conducta humano es heredable, la neurociencia, al mostrar que eventos cerebrales no conscientes anteceden a la voluntad consciente, la psicología cognitiva, al mostrar la enorme variedad de sesgos y errores sistemáticos que plagan el pensamiento corriente, la psicología evolucionista, al mostrar que el cerebro está moldeado por la evolución, así como las diferencias entre sexos, o la historia de la filosofía, la ciencia y las ideas, al mostrar que las buenas ideas no avanzan en línea recta convenciendo a todo el mundo.

En su conjunto, todo parece llevar a la inevitable conclusión de que el racionalismo ilustrado, basado en la confianza en los poderes virtualmente ilimitados de la razón, en la maleabilidad del cerebro humano, y en el supuesto de la humanidad intercambiable, es una doctrina dramáticamente errónea, no menos que las doctrinas basadas puramente en la fe y en una concepción mágica del mundo. Para mí, difícilmente se puede encontrar un ejemplo más coherente y claro de lo que nos gusta llamar Derecha Spinozista.

HT Miguel Olivares.

Comentarios

  1. Joaquín González10 de abril de 2015, 14:17

    Ya que nadie lo pregunta, lo preguntaré yo:

    ¿Quién es Miguel Olivares?

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  2. La persona que me pasó la referencia en el grupo "Biodiversidad humana".

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