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Utopías de cuero

Bares de cuero

Interior. Leather bar es un “falso documental” (a veces llamado “docuficción”) dirigido por James Franco y Travis Mathews, ambos californianos, y californistas. Se pasó en la sección oficial del festival de cine de Sundance, en la edición de 2013.

En principio, la película es una supuesta reconstrucción del material sexualmente explícito eliminado en la versión final del film Cruising (A la caza), dirigido por William Friedkin y protagonizado por Al Pacino en 1980, aunque termina siendo un experimento para explorar el propio proceso de hacer la película “describiendo problemas tales como el grado de incomodidad de los actores con el material, el conflicto entre la libertad creativa y la censura, y los modos en que representaba cinematográficamente los problemas de la comunidad LGTB desde el momento en que se estrenó Cruising”.

Cruising”, literalmente: "patrullar", o según la jerga española “cancaneo”, se refiere a "la búsqueda de sexo con desconocidos, normalmente merodeando por algún lugar público al aire libre, o bien en servicios para caballeros".

La película de 1980 narraba la historia de un policía infiltrado (Steve Burns, interpretado por Al Pacino) en la comunidad gay de Nueva York para identificar a un asesino en serie sadomasoquista. Debido a su tono moralmente mórbido y oscuro, en su momento el filme provocó cierta turbamulta en la “comunidad gay”:

Un participante en las protestas escribió, quizás melodramáticamente, que "Habrá gente que muera a causa de este film". Otro es recordado por haber escrito que "Cruising no era un film sobre cómo vivimos (los homosexuales) sino un film sobre cómo debemos ser asesinados". Los manifestantes hicieron todo lo que estuvo en su mano para sabotear el rodaje. Existió incluso un intento infructuoso de revocar el permiso concedido a Friedkin para rodar en localizaciones del Village. Al no funcionar esto, la gente se puso a tocar la bocina o sacar los stereos por la ventana para interferir en el sonido del rodaje. Otros se sentaban en las azoteas con grandes reflectores para interrumpir la iluminación. 

Se han aportado algunas evidencias casuales sobre ataques a homosexuales inspirados en la película, historias que no dejan de recordar a los episodios de “ultraviolencia” real provocados por la exhibición de La naranja mecánica (1971), otro clásico setentero políticamente incorrecto, que llegó a precipitar su retirada de los cines y el exilio de su autor, Stanley Kubrick.

A los 30 años de estrenarse Cruising, William Friedkin, en consistencia con los aspectos trágicos (o patéticos) de la "inducción optimista" y con esa mezcla de vergüenza y desprecio por el pasado típicos de la mentalidad liberal, se mostró autocrítico:

Para ser precisos, la película trataba sobre el mundo sadomaso. Se trataba de un misterioso asesinato localizado sobre el trasfondo del mundo sadomaso de aquel tiempo, fines de los setenta. No trataba de la comunidad gay en absoluto. Pero estos son los hechos históricos. La liberación gay está avanzando y estoy seguro de que “Cruising” en su momento no fue lo más propicio para la liberación gay. Lo reconozco ahora, en perspectiva, pero no lo hice en su momento. 

Esta alarma moral es nueva. Por lo visto, en su momento, el único aspecto que verdadereramente preocupó a Friedkin fue la banda sonora.

Interior es un intento de redimir este pecado original, mostrando una visión más estetizada, luminosa y “progresista” de la homosexualidad, crítica con la “homonegatividad” especialmente dirigida contra los homosexuales masculinos (Monto y Supinski, 2014) y en consecuencia omitiendo los aspectos oscuros que entrañan las utopías hedonistas.




La ciencia del lado oscuro

Parte de las controversias que rodean a la homosexualidad proceden de un conocimiento insuficiente o defectuoso de sus causas. La llamada “identidad de género” y la orientación sexual con seguridad son un fenómeno biológico asociado con la programación genética (o quizás con efectos epigenéticos) que empieza a manifestarse en el desarrollo embrionario. Esta hipótesis biológica está respaldada también por la estabilidad de la propia orientación sexual, que rara vez varía tras la adolescencia, y por la escasa influencia que ejerce la crianza. Pero las causas genéticas aún no han sido identificadas satisfactoriamente. Por otra parte la homosexualidad exclusiva es difícil de encajar en el marco evolucionista, aunque se han propuesto ingeniosas explicaciones consistentes con la idea de eficacia inclusiva, como la "teoría del tío gay". Wrangham probablemente también ha dado una buena pista, al asociar la homosexualidad humana con el auge de las conductas paidomórficas en las especies –como es el caso de la nuestra– "autodomesticadas" y con cerebros feminizados.

Existe una alternativa teórica menos conocida, y más perturbadora, la hipótesis del patógeno, que busca la causa de la orientación homosexual (si es en absoluto una "orientación") en un factor ambiental biológico todavía no encontrado. Parte de la “oscuridad” percibida en el filme Cruising probablemente procede de que parece apoyar implícitamente esta teoría del patógeno.

Para el experto en patógenos evolutivos Gregory Cochran la escasa concordancia del rasgo en gemelos monozigóticos (25%) apunta a la causa ambiental: “Si sabes algo de historia, dejando aparte la microbiología, te preguntas sobre patógenos, dado que estos son la causa de la mayoría de los síndromes que reducen la aptitud biológica (fitness)” (He escrito más sobre la idea del síndrome darwiniano aquí). De hecho, según estudios (Cameron y Cameron, 2005), los homosexuales tienen una expectativa de vida substantivamente inferior a los heterosexuales, y tienen menos hijos (especialmente los homosexuales masculinos), efectos que suelen atribuirse a factores sociales como la discriminación y la homofobia, y que Warren Farrell atribuye también a lo que a veces llaman "ginocentrismo".

Lo cierto es que la homosexualidad podría no ser biológicamente constante, y algunos sugieren que podría haber aumentado (sobre todo entre los hombres) en tiempos recientes, coincidiendo no sólo con cambios en la mentalidad cultural (como las ideas sexuales revolucionarias) sino simplemente con la aglomeración urbana: “pudiera ser que un patógeno se pudiera transmitir más fácilmente con el crecimiento de las ciudades a fines del siglo XIX. Sus huéspedes masculinos podrían haber variado en el grado de susceptibilidad, empujando hacia el umbral de la homosexualidad en algunos casos. En la mayoría de los casos el cambio psicológico podría haber sido menos drástico”.

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