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Por qué nos interesa la guerra (a los chicos)

«Carga del rio Igan»

Dado que los hombres son naturalmente más agresivos que las mujeres, y evolutivamente obtienen más ventajas adaptativas de la participación en la guerra, lo razonable es esperar que el estudio científico de la guerra y la historia militar también sean intereses abrumadoramente masculinos.

Por supuesto, lo son. Anecdóticamente lo evidencia el auge reciente de ciencia e historiografía popular alrededor de la guerra en internet. No puede ser casual que los principales podcast -no controlados por grandes medios- clasificados en el portal Ivoox dentro la categoría de “Historia” tratan sobre historia militar: Histocast, Antena Historia, Memorias de un tambor, Zafarrancho, Motor y al aire, entre otros. Un canal muy seguido es "Hitler y el nazismo". Estos programas, surgidos de asociaciones voluntarias, y sin perjuicio de que no inciten activamente al belicismo, de hecho tratan sobre batallas, máquinas de guerra, ases del aire, comandantes de Panzer y todo tipo de hazañas bélicas. Y están hechos por hombres.

Internet también atestigüa el florecimiento de una variedad de foros y páginas relacionadas con la historia militar, incluso de nuevas editoriales (Almena, Platea, HRM) o revistas de alta divulgación (Desperta Ferro). Por no mencionar el auge de la pintura patriótica militar de Augusto Ferrer-Dalmau, e incluso la vitalidad del modelismo militar, incluyendo marcas españolas con proyección internacional, como Vallejo y MIG.

Me atrevería a decir que este ámbito de estudio y entretenimiento es uno de los más florecientes de la “cultura española” actual, pese a producirse de espaldas a los planes gubernamentales y contradecir las expectativas ideológicas elementales.

Además de como “reaccionario”, frente al interés “progresista” de los educadores, políticos y activistas de “feminizar” las costumbres y fomentar la “cultura de paz” (en las escuelas de EE.UU se están prohibiendo los juguetes bélicos), este interés por las historias de guerra también aparece como “paradójico” en una sociedad edificada sobre los principios de la paz perpetua, la cooperación, la diversidad, el dulce comercio y la doctrina de los derechos humanos universales. Pero la visión paradójica procede de un conocimiento defectuoso de las causas del fenómeno: son las sociedades más prósperas y donde hay mayor “equidad de género” teórica aquellas donde los individuos son más libres para desarrollar sus intereses. Así resumía el NYT (Via) un célebre trabajo del psicólogo evolucionista David Schmitt:

De algún modo las culturas progresistas modernas nos están devolviendo psicológicamente a nuestras raíces como cazadores y recolectores. Esto implica una elevada igualdad de género en general, pero con hombres y mujeres expresando intereses predispuestos en diferentes dominios. Eliminar las presiones de las sociedades agrarias tradicionales podría permitir a los hombres, y en menor medida a las mujeres, que sus rasgos de personalidad más “naturales” emerjan. 

Esperemos más historias de guerra y mayor “brecha de género” en este tipo de intereses en el futuro, no menos, no importa lo desconcertados que queden los ingenieros sociales.

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