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La domesticación del misterio

El proceso de “autodomesticación” experimentado por los seres humanos es muy profundo, abarca miles de años, y de hecho nos define como homínidos “gráciles”, en comparación con nuestros antepasados “robustos”. Entre otras alteraciones interesantes, el “síndrome de domesticación” (Wilkins, Wrangham y Fitch, 2014) suaviza nuestros rostros, depigmenta la piel, incrementa la neotenización, feminiza y empequeñece el cerebro y reduce la agresividad de los humanos “modernos”. Y los cambios no se detienen en el paleolítico ni en otra edad prístina. Lo más probable es que la evolución gen-cultural, asociada con la emergencia de los estados en tiempos históricos recientes acelere este proceso de domesticación y “pacificación genética” (Frost, 2010), creando diferencias insuficientemente estudiadas y reconocidas entre poblaciones humanas. Estas diferencias están en parte en los genes, no sólo en los memes.

La gracilización de las creencias

La religión no es un aspecto humano ajeno a esta transformación. Las creencias religiosas "robustas", que exigen rutinariamente sacrificios animales y humanos, dan paso progresivamente a complejos de ideas más benéficas, "gráciles" y moralizantes en las civilizaciones florecientes. En la "era axial" (del 800 al 200 a.C.) descubierta por Karl Jaspers, las ideas religiosas se vuelven en general más dóciles.

En el área de influencia romana y cristiana, la revolución religiosa es tan abrupta como para desatar una epidemia de herejías "gráciles" difíciles de contener.

Los docetistas del siglo I, por ejemplo, están tan desconcertados por la cruenta muerte de Jesús, que la consideran sólo una apariencia. Para los gnósticos inspirados por Platón el mundo material con su amplio repertorio de desgracias no es una creación de Dios, sino de un malévolo demiurgo. Estas ideas no se extinguen fácilmente. Todavía en el siglo XII de la era cristiana la iglesia católica tiene que emplearse a fondo para sofocar a los cátaros, que niegan el Antiguo Testamento, y consideran a Yavé un vulgar “Dios de la guerra”. Aunque se trata de "cristianismos derrotados", en los términos de Antonio Piñero, el hedonismo, la resolución sexual de los conflictos y las doctrinas de la paz radical, rasgos tan característicos del proceso de autodomesticación, son muy anteriores a los hippies, arraigan ya en los primeros tiempos de la era cristiana. Y existen antecedentes más viejos y seculares.


La vía láctea (Luis Buñuel, 1969)

El cristianismo heterodoxo, o el judaísmo secular, es al judaísmo antiguo prácticamente lo que el bonobo es al chimpancé, o el perro al lobo.

Incluso el cristianismo de los concilios no deja de suavizar sus rasgos. En una larga y venerable tradición católica, la razón pacifica a las creencias. A diferencia de los teólogos musulmanes, que terminan rechazando la “incoherencia de los filósofos” ya en el siglo XII, y abrazando el escepticismo, los doctores escolásticos no prescinden de la filosofía, por más que pretendan esclavizarla como “preámbulo de la fe”.

Por supuesto, los aspectos “irracionales” y violentos de la idea de Dios y de las religiones no desaparecen. El análisis del teólogo alemán protestante Rudolf Otto (1869-1937) sigue siendo magistral en este punto. En Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios, reconoce con carácter literal "la superioridad del cristianismo sobre otras formas de religión" debido precisamente a que la religión europea "dispone de conceptos de eminente claridad, transparencia y plenitud". Pero Otto también reprocha que el racionalismo religioso no entiende el aspecto irracional de la idea de Dios, que llama "numen" o también "lo santo". Santo, sin embargo, es más que racional, y más que bueno. Es mysterium tremendum, pavor numinoso que trasciende las categorías morales y se resiste a los intentos de domesticación.


Ejecución de un homosexual


Imagine

Los ilustrados radicales imaginan un mundo libre de pavor demoniaco, corroído por el ácido de la filosofía secular. Se trata de un paso presuntamente definitivo en la reforma religiosa iniciada por los propios teólogos cristianos, como explica Charles Taylor, y que se extiende idealmente a toda la "humanidad", conmovida (sólo es cuestión de tiempo) por la irresistible atracción de las ideas gráciles.

El fin de la historia, para Fukuyama, coincide con la victoria de la democracia liberal sobre las teocracias. Tras el descalabro del imperio soviético (el comunismo internacional es una de las ramas principales del universalismo europeo), a inicios de los años noventa del siglo pasado, el presidente George Bush I proclama una edad libre de memes contaminantes, la búsqueda universal de la prosperidad y la comodidad, y el abandono definitivo de "las pasiones atávicas, las luchas por el honor y la gloria, y los odios tribales que habían producido conflictos a lo largo de la historia".

Los esfuerzos por mantener en forma el relato de democratización (la política también se hace más grácil) son denodados, desde luego, pero cada vez es más difícil ocultar que actos aparentemente desconcertantes de barbarie, como los protagonizados por el "estado islámico" o las milicias de "Boko Haram", no son -en parte- sino criaturas de los procesos de descolonización política, y más próximamente de las "primaveras árabes" y el proyecto neoconservador de un "nuevo orden mundial". Pero el indócil ISIS no es una mera consecuencia del colonialismo: "Nos confunde una campaña bienintencionada pero deshonesta para negar la naturaleza medieval del estado islámico".

En este contexto la explicación dominante para el "retorno del miedo" en Europa y vastas zonas de África es simplemente una programación cultural defectuosa: la ideología del extremismo religioso, la religión sin domesticar. Frost propone una segunda explicación complementaria para las diferencias en comportamiento violento que no tiene una relación directa con el Islam:

La mayoría de los inmigrantes musulmanes vienen de sociedades donde el Estado ha pacificado las relaciones sociales sólo en tiempos recientes, y donde los hombres aún ven la violencia como un medio legítimo y aún necesario para promover los intereses personales, para defenderse a sí mismos y a sus familias, y para adquirir tierras, bienes e incluso mujeres. La violencia es limitada no sólo por el estado sino por un equilibrio de terror, la amenaza de represalias por parte de la víctima y su parentela. 
La combatividad masculina es particularmente fuerte en sociedades pastorales más allá del control estatal. No es gratuito que hayan proporcionado algunos de los mejores hombres combatientes...

Por oscura que parezca esta reflexión, lo cierto es que hoy es infantil pensar que el "síndrome de domesticación" afecta por igual a todas las poblaciones humanas a lo largo de los últimos siglos y milenios. De ser así –que no es– sería para creer en el Diseño Inteligente. Del mismo modo que es gratuita la creencia de que todas las religiones mundiales son moralizantes. Las religiones moralizantes son, en realidad, minoritarias (Botero et al., 2014). Y las religiones docilizadas por la razón, la Ilustración y la filosofía, con sus misterios domesticados, muy lejos ya del terror y fascinación antiguos, son una minoría dentro de una minoría.

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