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Nicholas Wade y el fenotipo social

Sumario. Este es un post invitado a cargo de Pseudoerasmus, publicado originalmente en su blog. No se trata de una reseña sobre Wade, sino una crítica de ciertas críticas de Wade. Los biólogos y genetistas que no están muy familiarizados con las evidencias de las ciencias sociales han castigado las reflexiones de Wade sobre las consecuencias históricas de la evolución divergente de poblaciones humanas. Argumento que tales ideas se someten a un rigor de prueba mucho más alto que a hipótesis evolucionistas neutrales en la cuestión de la raza. Las evidencias del "fenotipo social" son lo bastante fuertes como para rechazar el punto de vista mínimo de que las diferencias genéticas no cuentan para al menos algunas de las diferencias sociales entre grupos étnicos.


Numerosos críticos de A troublesome inheritance, de Nicholas Wade, se han precipitado sobre las especulaciones contenidas en los capítulos 6 al 9 del libro, denunciándolas por no apoyarse en evidencias. Por ejemplo, Jerry Coyne ha argumentado:

Donde el libro (de Wade) se equivoca es al insistir en que las diferencias entre sociedades humanas, incluyendo las diferencias que surgieron en los últimos siglos, están basadas en diferencias genéticas producidas por selección natural en la conducta de los individuos dentro de estas sociedades. En otras palabras, las diferencias sociales en gran medida reflejan su evolución diferencial.  
Wade no ofrece virtualmente ninguna evidencia para apoyar esto, porque no existe. No sabemos virtualmente nada sobre las diferencias genéticas (si hay alguna) en cognición y conducta entre poblaciones humanas. Y para explicar como puede afectar la selección natural a estos rápidos cambios, Wade propone una especie de "efecto multiplicador", según el cual pequeñas diferencias en la frecuencia de los genes puede ramificarse para dar lugar a grandes diferencias sociales. Virtualmente tampoco existen evidencias de esto. Se trata de una acumulación de especulaciones...  
No entraré en más detalles, porque...también me falta el tiempo (y el conocimiento de las explicaciones sociológicas alternativas) para justificarlo. 

La evidencia demandada por Coyne presumiblemente es genómica. Ciertamente es esto lo que Allen Orr tiene en mente al reseñar el libro de Wade:

Estas son grandes afirmaciones y se podría esperar que Wade proporcionara alguna evidencia bastante impresionante y recóndita desde la nueva ciencia de la genómica. Y aquí es donde la cosa se tuerce. Las evidencias fuertes para la tesis de Wade son prácticamente inexistentes. Peor aún, Wade lo reconoce al inicio de A troublesome inheritance... 

¿Pero exigir evidencia genómica no es un standard demasiado elevado? Ya ha sido difícil averiguar los correlatos genómicos de un rasgo físico complejo como la altura. En su libro Why evolution is true (Hay traducción española: Por qué la teoría de la evolución es verdadera, Ed. Crítica) Coyne proporcionó un famoso ejemplo de evolución por selección natural resuelto según la mayoría de los biólogos sin hacer referencia a la genómica:

Si lo que queremos es ver en acción la selección deberíamos mirar a las especies con escaso tiempo de generación que están adaptándose a un nuevo entorno. Es más probable que esto suceda cuando las especies invaden un nuevo hábitat o experimentan un considerable cambio ambiental. De hecho ahí es donde residen los ejemplos. El más famoso, que no describiré con el detalle que se ha hecho en otros lugares (ver, por ejemplo, el soberbio libro de Jonathan Weiner The beak of the finch: A story of evolution in our time), es la adaptación de un pájaro a un cambio climático anómalo. El pinzón mediano de las islas Galápagos ha sido estudiado durante varias décadas por Peter y Rosemary Grant y sus colegas de la universidad de Princeton. En 1977, una grave sequía en las Galápagos redujo drásticamente el suministro de semillas en la isla de Daphne Major. Este pinzón, que normalmente prefiere semillas pequeñas y suaves, fue obligado a volver a las más grandes y duras. Experimentos han mostrado que las semillas duras sólo son partidas fácilmente por los pájaros más grandes, que poseen picos más grandes y gruesos. El resultado fue que sólo los individuos con picos grandes conseguían comida adecuada, mientras que aquellos con picos más pequeños se morían de hambre o padecían demasiada malnutrición como para reproducirse. Los supervivientes de picos gruesos dejaban más descendencia, y para la siguiente generación la selección natural había incrementado el tamaño del pico medio alrededor de un 10 por ciento (también se incrementó el tamaño corporal). Este es un ritmo asombroso de cambio evolutivo, mucho mayor que nada de lo que vemos en el registro fósil. En comparación, el tamaño del cerebro del linaje humano se ha incrementado como media alrededor de un 0.001 por generación. Todo lo que necesitamos saber sobre evolución por selección natural fue documentado ampliamente por los Grants en otros estudios: los individuos de la población original variaron en la anchura del pico, una gran parte de esta proporción era genética, y los individuos con diferentes picos tenían diferentes números de hijos en la dirección prevista. 

Nótese que lo que Coyne cita como evidencia convincente de la rápida evolución de los picos de los pinzones por selección natural es totalmente fenotípico. La mayor parte del trabajo de los Grants sobre los pinzones tuvo lugar mucho antes de la revolución genómica. Desde entonces, ha existido cierta corroboración del trabajo de los Grants mediante otros métodos (por ejemplo, bioquímicos en 1 y genómicos en 2 y 3). Pero todo esto no estaba disponible cuando se publicó The beak of the finch (Hay traducción española: El pico del pinzón. Una historia de la evolución en nuestros días. Ed. Galaxia Guttenberg) y el libro fue tan mereceidamente bien recibido. Más bien, los genetistas dedujeron la heredabilidad de los rasgos de los pájaros a partir del fenotipo empleando genética cuantitativa clásica. Pero quién sabe, ¿acaso Coyne era un cauto agnóstico sobre el trabajo de los Grants a la espera de que la genómica desvele sus secretos? (No.)

Coyne solía ser un escéptico de la psicología evolucionista, pero recientemente se ha convertido en un frecuente defensor cualificado del campo. En su blog ha distinguido entre las afirmaciones mejores y más razonadas y la proliferación de especulaciones rocambolescas, especialmente aquellas que se ven en los libros y artículos populares. En una anotación del blog estableció que tipo de afirmación de la PE podría resultar razonable:

Mi posición ha sido siempre que la buena psicología evolucionista debería equipararse con el mismo standard de evidencias que emplean los trabajos sobre el significado evolutivo del comportamiento en otros animales. Standards como los aceptados por la revista Animal Behaviour. La buena psicología evolucionista debería ser capaz de hacer o bien predicciones o lo que llamo “retrodicciones”, esto es, hipótesis que dan sentido a datos previamente no explicados. (Darwin hizo muchas “retrodicciones” en El origen). Cierto, no podemos volver a la Sabana africana y ser testigos de las fuerzas evolucionistas que producen un nuevo rasgo (qué demonios, tampoco podemos hacer eso para muchos rasgos que están surgiendo hoy mismo), pero podemos construir hipótesis razonables sobre cómo surgieron nuestras conductas y ponerlas a prueba. 
O si las pruebas no están hoy disponibles, podemos hacer sugerencias estimulantes que futuros investigadores podrían poner a prueba, como hizo Einstein con su teoría de la relatividad general. Esto no es lo mismo que “contar historias”, sino el bosquejo de hipótesis que podrían conducirnos a entender las cosas. “Contar historias” es la empresa que se propone explicar algo de un modo que no puede ser puesto a prueba. Nunca encontraremos respuestas definitivas en estas áreas, pero esto es característico de muchas áreas de la biología evolucionista, dado que la nuestra es una ciencia histórica. Por ejemplo, ¿Por qué las plumas evolucionaron hacia los dinosaurios? Probablemente no debido al vuelo, dado que la evolución de las plumas precedió al vuelo, pero pudieron haber surgido via selección sexual, reconocimiento de especies, aislamiento, o todo lo anterior. Podríamos quizás hacer observaciones que apoyen más algunas de estas ideas que otras, pero nunca encontraremos la verdad absoluta, sólo respuestas con mayores o menores probabilidades. Pero la ciencia no trata de la verdad absoluta, trata sobre la mejor explicación posible que seamos capaces de pensar a la luz de las evidencias existentes. Y muchas áreas de la psicología evolucionista sí apoyan más fuertemente algunas explicaciones que otras.

Las reglas que Coyne establece para la psicología evolucionista no son prohibitivamente exigentes. Las teorías sociobiológicas sobre diferencias entre grupos humanos pueden cumplir fácilmente con los criterios anteriores. Sí, los grupos humanos son conductualmente más elásticos que los pinzones en diferentes entornos, pero podemos inferir a partir de múltiples líneas de evidencias e las ciencias sociales que pese a la aparente variabilidad cultural y plasticidad ambiental de las personas a través del globo, de hecho existen diferencias persistentes entre grupos que son evolutivas en origen. En otras palabras, las evidencias a partir del “fenotipo social” es fuerte, y es perfectamente razonable argumentar sobre sus bases genéticas aún cuando no podemos encontrar aún correlatos genómicos para ello.

El mismo Coyne admite que no sabe demasiado sobre ciencias sociales. Repasaré rápidamente los bien conocidos territorios del CI y la genética conductual, pero fijándome algo más en las evidencias sobre “fenotipo social” y en inferencias que no han despertado tanta atención.

I. Psicometría
II. Genética conductual 
III. Evidencias entre países 
IV. Evidencias dentro de países 
V. Wade sobre Clark 

I. El mayor error de Wade: CI 

El mayor error cometido por Wade en su libro fue su falta de énfasis en la psicometría. El CI representa la entrée fundamental a las afirmaciones sociobiológicas sobre diferencias entre grupos. Dado que el CI correlaciona con rasgos que no están obviamente relacionados con la inteligencia, tales como confianza, paciencia, criminalidad e incluso resultados de salud, se trata de la señal individual mejor que tenemos para medir diferencias cognitivas y conductuales entre diferentes grupos. Al ocuparse tan poco del CI, Wade condenó sus conjeturas al estado de especulaciones no basadas en evidencias.

Más aún, al emplear el CI, sin hacer referencia alguna a la raza o la etnicidad, se pueden hacer numerosas predicciones y “retrodicciones” sobre resultados humanos que sin embargo poseen patrones etnoraciales. Este argumento no se ha destacado lo bastante: con la inclusión del CI, los modelos no requieren sobre especificar la raza como variable.

El CI es científicamente sólido, está libre de sesgos culturales y es fuertemente predictivo sobre resultados sociales a escalas individual, nacional e internacional. No hay necesidad de pasar revista los hechos conocidos sobre el CI. Existen referencias standard sobre el tema, y también una moderada declaración: “Mainstream findings on intelligence” (Hallazgos generales en inteligencia). El punto esencial es este: el abrumador consenso de los psicometristas sostiene que el CI mide algo real y muy importante. Aquellos que ponen en duda la validez del CI deberían extender sus dudas a todo el campo de la psicología.

II. Genética conductual 

Existe un consenso abrumador entre los genetistas conductuales: todos los rasgos conductuales y de personalidad que se han estudiado son substantivamente heredables. Este hallazgo a partir de cientos de estudios de gemelos y de adopción es tan consistente, y tan a menudo replicado, que sus corroboración es probablemente lo más fuerte a lo que pueden aspirar las ciencias sociales.

En el CI existe un marcado patrón de correlaciones entre personas que se eleva con el grado de parentesco genético [Fuente]:


Estas cifras no dejan duda sobre la importancia de la herencia en inteligencia. (Estas evidencias han recibido un apoyo reciente desde al menos un estudio de asociación del genoma completo). La correlación en ingresos entre personas es algo inferior que para el CI, pero de todos modos muestra un patrón similar al parentesco genético.

Un par de gráficas del manual de texto standard de Robert Plomin, Behavioral genetics, 6th edition, resume muy bien las fuentes para la varianza del CI:




El gráfico anterior muestra estimaciones intermedias “seguras”. Pero incluso así los gráficos resultan sigilosamente devastadores al mostrar, en adultos, un efecto esencialmente nulo de la socialización familiar (“ambiente compartido”). Cualesquiera que sean los efectos ambientales en las capacidades cognitivas, tras la infancia se reducen a ciertos efectos (“no compartidos”) no familiares ni definidos, y nadie tiene ni la menor idea de cuáles puedan ser. Este es el campo de Flanders en el que últimamente caen abatidas todas las explicaciones sociológicas o culturales sobre diferencias de grupos: incluso si tiene lugar la transmisión cultural, no existen modelos funcionales sobre la transmisión cultural de los rasgos.

Estos hallazgos ahora son apoyados por una línea totalmente diferente de evidencias detallada en A son also rises de Gregory Clark. Clark demuestra un patrón de transmisión de status a través de muchas generaciones en países tan variados como la Inglaterra desde la época medieval al presente, la China del periodo imperial tardío a la era poscomunista, Japón desde los samurais a los trabajadores asalariados, Suecia desde su aristocrático siglo XVIII a su ultraigualitarista presente, Chile, uno de las sociedades más desiguales del mundo, e India, con su endogamia extrema reforzada por la religión, la etnicidad y las castas. Aún cuando la transmisión fuera parcialmente cultural, los resultados de Clark consistentes a través de tantos entornos y situaciones institucionales diferentes, converge poderosamente con los hallazgos de la genética conductual en favor de la transmisión genética.

Una crítica común de la genética conductual es que casi todos los estudios de gemelos y adopción proceden de casas de clase media en países desarrollados, y la mayoría no son transraciales. Por esto se invoca esta fórmula: “El hecho de que un rasgo sea altamente heredable no significa que las diferencias entre grupos también sean heredables”. Esto es trivialmente cierto, pero los estudios de adopción transracial que sí existen, dejan poco sitio para dudar de que las diferencias entre grupos también son substancialmente heredables. Más aún, los inmigrantes ofrecen numerosos experimentos naturales para poner a prueba patrones de diferencias de grupos en circunstancias materialmente favorables de países desarrollados.

III. Evidencias entre países 

Existen muchos hechos sobre disparidades internacionales en desarrollo económico que resultan inexplicables desde una explicación puramente ambiental o cultural de tales diferencias:

 – Tal como expliqué en un post anterior, los países que se han industrializado con éxito –definidos según el modesto umbral de haber logrado un PIB per capita superior al 50% del nivel de Estados Unidos– están poblados principalmente por europeos y asiáticos del noreste. Las únicas excepciones son bajas poblaciones con suerte geológica como Kuwait o Brunei, más las Bahamas, un país de más de 300.000 personas. Todos los ingresos relativos de los demás países o bien se han estancado o divergen relativamente a los ingresos de Estados Unidos.

– El CI es un fuerte predictor del nivel de PIB per capita, el ritmo de crecimiento del PIB per capita, y el “capital humano” [4], algo que los economistas suelen inferir a partir de los años de escolarización.

– Manteniendo variables otras constantes, los países con una mayor proporción de habitantes procedentes de países con altos CI (bien euopeos, asiáticos del noreste o del sur) poseen ingresos mayores que los países con inferior población de los mismos lugares. Algunos ejemplos ilustrativos: Sur de África > Africa occidental, Malasia > Tailandia (presencia China) y Trinidad > Jamaica (asiáticos del sur). 

Excursus: ¿Qué hay de Irlanda? 

Muchos intentos de argumentar contra las teorías sociobiológicas de las diferencias humanas toman a menudo la forma de “¿Qué hay de (este país que solía ser realmente pobre y ahora es bastante rico)?”. Irlanda es el ejemplo favorito, pero irónicamente es un poderoso testamento de lo inadecuadas que son las explicaciones culturales. Pese a ser un país que sufrió 800 años de explotación colonial y opresión, Irlanda de algún modo logró unos ingresos per capita mayores que el propio país opresor, tan pronto como se liberó. Sin embargo, casi todos los países 50+ del África subsahariana, pese a haber sufrido menos de un siglo de experiencia colonial, han sido incapaces de lograr ni siquiera un cuarto del progreso irlandés durante el mismo periodo. De hecho, los países africanos muestran el patrón opuesto: cuánto más se alejan de su independencia, peor les va en promedio. Los países africanos crecieron más rápidamente en los años cincuenta, cuando aún no se habían independizado, y en los años sesenta, cuando comenzó la oleada de independencia.

IV. Evidencias entre países

Las persistentes y consistentes desigualdades étnicas en logros académicos, desempeño económico, indicadores sociales y de salud, son paralelas a los patrones étnicos en capacidades cognitivas medidas– no sólo en los Estados Unidos, sino también en docenas de otros países tales como las sociedades multiculturales de Malasia, Brasil y Sudáfrica. De nuevo, esta es una área bien conocida y no hay necesidad de entrar en ella. Haré notar otras cosas que han pasado más desapercibidas.

– Hay muchas evidencias sobre el rendimiento de inmigrantes de segunda y tercera generación en países desarrollados (presumiblemente controlando las deficiencias ambientales de los países subdesarrollados), especialmente cuando se trata del Caribe y de los inmigrantes hispanos en los Estados Unidos, Asiáticos del sur y antillanos en el Reino Unido, y turcos y norte africanos en la Europa occidental. Pero no hay un mejor resumen que esta gráfica sobre los resultados de PISA, desglosando nativos y status de la inmigración. [Fuente]

– Dentro de países existen gradientes regionales en ingresos y capacidades cognitivas que corresponden con distribuciones geográficas, demografías étnicas o mezcla racial (por ejemplo, España, Italia, e incluso Japón). México muestra un gradiente norte-sur en ingresos, indicadores de desarrollo humano e índices de pobreza que correlacionan con el grado de mezcla europea. No existe ninguna razón obvia, diferente de mecanismos genéticos, por la que una diferencia del 15% en mezcla europea debiera predecir variaciones en ingresos e índices de pobreza.

– El CI medio de individuos racialmente mezclados (afroamericanos, sudafricanos “de color” (coloured), mestizos americanos, etcétera) es intermedio entre los promedios de las poblaciones europeas y no europeas. Idealmente, podríamos hacer comparaciones directas entre mezcla racial y puntuaciones de CI para una muestra de individuos, pero probablemente esto no resulta políticamente viable hoy en día. Sin embargo este efecto ha quedado manifiesto en el estudio de adopción transracial de Minnesota, que descubrió que los niños mezclados racialmente adoptados por familias blancas, ricas y de altos CI a la edad de 17 años poseían puntuaciones en el CI intermedias entre los adoptados blancos y negros de la misma edad.

– Muchos esperan que la brecha en Estados Unidos entre blancos y negros de un punto de desviación standard (o 15 puntos) puede ser cerrada a través de algún tipo de intervención ambiental. Pero el supuesto implícito detrás de estas esperanzas consiste en que la disparidd ambiental entre los blancos y negros estadounidenses debe ser tan grande y poderosa como la diferencia ambiental entre los Estados Unidos y el África subsahariana. La interpretación hereditarista de la media africana en CI de 70 y de la afroamericana de 85 normalmente es que los africanos sufren graves déficits ambientales en comparación a los afroamericanos que han maximizado su CI genético potencial en el ambiente de los Estados Unidos. Pero si la media afroamericana de CI se deprimera 15 puntos, entonces el CI subsahariano debería estar incluso más deprimido de lo que supone la interpretación, siguiendo la implicación, por 30 puntos. Sin embargo, no hay ni la menor evidencia de que efectos ambientales sistemáticos puedan deprimir el CI 30 puntos. No se ha mostrado que la deficiencia de Yodo, la exposición al plomo, ni la malnutrición causen efectos sistemáticos a través de cientos de millones de personas. 

– Más aún, se estima que <25% de los africanos subsaharianos están malnutridos en algún grado. Si suponemos que esta tasa de malnutrición deprime el potencial del CI unos 30 puntos, entonces deberíamos observar o bien una desviación standard muy alta en el CI africano (dado que hay muchas personas que no están sufriendo malnutrición) o una distribución muy bimodal del CI creada por la división entre los malnutridos y los nutridos. Pero tampoco hay evidencias de nada de esto. Incluso en África existen personas bien alimentadas que viven bajo circunstancias materiales satisfactorias. Bastantes africanos occidentales y orientales poseen el potencial de dominar la parte derecha en la distribución global de carreras de corta y larga distancia, respectivamente. Si es cierto que el CI del África subsahariana fuera de 100 puntos debería existir al menos un 2% con un CI>130. Es razonable suponer que el 2% superior de los ingresos en el  África subsahariana posee ambientes que maximizan el potencial de CI. Sólo un 1% representa al menos 8 millones de personas. ¿Cuál debería ser la representación de los africanos subsaharianos en ciencia y tecnología (bien medido en licenciaturas o citas científicas)?

V. ¿Las polillas de Clark o los pinzones de Wade? 

En casi todas las reseñas de Wade se ha señalado que éste se basa en las evidencias descubiertas por Gregory Clark en Genetically capitalist? y presentadas (para una audiencia popular) en su libro A farewell to alms. Excuso decir que los críticos de Wade no se han tomado las evidencias en serio. Pero la hipótesis de Clark es bastante notable.

Tras documentar en los registros de testamentos que los ricos no aristócratas se reprodujeron más que los menos ricos en los siglos que llevaron hasta 1800, Clark dedujo que sus vástagos deberían haber repoblado progresivamente al menos una parte de la población inglesa mediante un mecanismo de movilidad descendente. Esta “supervivencia de los más ricos”, según su hipótesis, podría haber ocasionado cambios sociale a largo plazo en Inglaterra, tales como el declive de la violencia, el incremento de la paciencia (preferencia temporal) y el surgimiento de las capacidades matemáticas y de la alfabetización, un conjunto que denomina “virtudes burguesas”. (Más detalles aquí junto con extractos extendidos).

Se han producido dos líneas principales de ataque a la tesis de Clark:

1. “No pudo haber sido genético”, una afirmación que el propio Clark ha respondido empleando razonamientos clásicos de genética cuantitativa en la European review of economic history (de la que reproduje un extracto relevante, y también cité aquí).

2. “La supervivencia de los más ricos tuvo lugar en muchos otros países”. Steven Pinker argumentó esto en The better angel of our nature (Hay traduccion española: Los ángeles que llevamos dentro. Ed. Paidós). Pero cuando sigues la pista de las referencias, resulta que todos los datos fuertes sobre la “supervivencia de los más ricos” en “otros países” proceden de países europeos. Esto no contradice en absoluto a Clark, dado que su argumento es que este proceso operó en todas las sociedades malthusianas, pero sobre todo en Europa. Cierto, sólo hay ligeras evidencias para apoyar el argumento según el cual el proceso fué más débil en el Asia oriental. (Me ocuparé de la crítica de Pinker a Clark con más detalle en una anotación posterior).

Pinker también argumenta que no existen evidencias de que los cambios sociales atribuídos por Clark a la fertilidad de los ricos fueran causados por cambios genéticos. Pero esto sólo nos retrotrae al inicio de esta anotación: no, no existe confirmación genómica. Pero el ritmo inferido de fertilidad y la supuesta repoblación por la vía de una movilidad descendente son datos tentadores.

Acaso el argumento de Clark no sea tan fácil de medir como los picos del pinzón antes y después de una sequia, pero es lo más próximo a lo que han llegado las ciencias sociales para documentar y cuantificar un posible ejemplo de evolución humana en tiempos históricos, al menos representada en documentos escritos. Como poco, se debe conceder a la hipótesis de Clark el mismo beneficio de la duda que a la hipótesis del melanismo industrial, que eventualmente fue probada por Kettlewell. (Escojo este ejemplo porque Coyne participó en la controversia sobre los experimentos de Kettlewell).

Ninguna línea de evidencia por si sola hace que resulte implausible la teoría genética sobre las diferencias sociales y económicas entre grupos étnicos. En cada dominio individual de la ciencia social –psicología, genética conductual, antropología, sociología y economía– las evidencias son disputadas y existe un fuerte debate sobre su interpretación. Incluso el mismo conjunto de datos a partir de los estudios de adopción transraciales se han empleado para argumentar a favor tanto de los punto de vista hereditaristas como de los ambientalistas. Pero dada la totalidad de las evidencias sobre “fenotipo social”, la hipótesis nula –es decir, que no hay diferencias genéticas entre grupos étnicos capaces de explicar alguna de sus diferencias en resultados sociales y económicas, puede rechazarse por completo. Esta hipótesis nula es simplemente insostenible.

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